• Editorial Semana

Aún queda por hacer


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


El día 8 de marzo se declaró como el Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Soy fiel creyente, de que, en la Historia de los pueblos, está prohibido olvidar, por lo que debemos señalar, que esta celebración tiene sus raíces en el movimiento obrero de mediados de siglo XIX, en un momento de gran expansión y turbulencias en el mundo industrializado, en el que la mujer comenzó a alzar cada vez más su voz. Con ella se conmemora la lucha de la mujer por su participación dentro de la sociedad, para su emancipación y desarrollo íntegro como persona.


Para esos años la vida de las mujeres en esta parte del mundo, el Occidente, estaba llena de limitaciones y controlada por lo que determinaban los hombres. Una creciente inquietud se desarrolló para 1848 cuando un grupo de mujeres congregó cientos de personas en la primera convención nacional por sus derechos, en Estados Unidso, donde planteaban “que todos los hombres y mujeres son creados iguales” y exigieron derechos civiles, sociales, políticos y religiosos. En aquel momento se burlaron de ellas, especialmente en cuanto a su petición del derecho al voto, pero aquello sembró una semilla que fue creciendo, según indica la ONU.


Así las cosas, marchas, manifestaciones, reclamos, entre otros, fueron dándose hasta surgir una mujer que la alemana Clara Zetkin sugirió la idea de conmemorar un día de la mujer a nivel global en 1910 en la Conferencia Internacional de la Mujer en Copenhagen, Dinamarca.

Para inicios del siglo 20, un mundo revuelto, como decimos en Caguas, se encontraba ante el reto que representó la Primera Guerra Mundial. En Europa las mujeres comenzaron a levantar protestas por la guerra, con reclamos de paz y solidarizándose con las demás mujeres. En Rusia, miles de mujeres se lanzaron a las calles en febrero de 1917 y mantuvieron una huelga que duró varios días que forzó la salida del jefe de gobierno de entonces, evento que culminó 8 de marzo de dicho año. En 1945, se forma la Organización de la Naciones Unidas (ONU) para fomentar la cooperación internacional, tras la devastación de la II Guerra Mundial y se establece el primer acuerdo internacional que consagra la igualdad de género. Tres décadas después, en 1975, la ONU establece y celebra por primera vez el Día Internacional de la Mujer, en la misma fecha que en la lucha de las mujeres así lo había declarado.


Los años han pasado y la celebración se mantiene viva pues aún son muchas las cosas que hay que trabajar. Se han adquirido derechos por los que aquellas mujeres lucharon, votamos, trabajamos, seleccionamos nuestra profesión, entre otras cosas. Mientras queden mujeres que entiendan deben estar sometidas a los hombres, mientras en las escuelas y universidades seamos más mujeres que hombres, pero no haya igual proporción en los puestos de trabajo, mientras mueran mujeres a manos de sus parejas por ellos entender que la mujer es su propiedad, en fin, mientras tengamos que seguir exigiendo espacios y mantener oficinas y movimientos para el reclamo, es señal de que aún queda por hacer. La igualdad en derechos llegará, cuando sólo exista una oficina para reclamos del ciudadano y no una para las mujeres, otra quizás para los hombres, otra para los niños y adolescentes, para la vejez, etc.


Mientras estemos en reclamos segregados, sin duda, hay mucho por qué seguir trabajando y luchando.