A 49 años de su ‘no-hitter’


Por: Jorge L. Pérez


Hace 49 años, el 13 de enero de 1972, en el estadio Yldefonso Solá Morales, el cagüeño Manuel ‘Manny’ Muñiz, tiró el sexto juego sin hits ni carreras de la franquicia de los Criollos de Caguas, cuando derrotó 2-0 a los Senadores de San Juan.


Para Muñiz, quien hoy en día reside en la urbanización Santa Rosa y cuenta con 73 años de edad, fue uno de los momentos culminantes de una carrera que, desgraciadamente, estaba a punto de terminar.


En 1971, el lanzador derecho de 5’11” de estatura se había convertido en el primer cagüeño en jugar en Grandes Ligas, cuando los Filis de Filadelfia lo subieron en septiembre y tuvo un récord de 0-1 y 6.97 de efectividad en 10.1 entradas, todas como relevista.


Entonces, en la temporada invernal de 1971-72, su octava con los Criollos, Muñiz, firmado por los Filis a la edad de 15 años en 1965, actuó mayormente como relevista hasta que fue asignado para abrir el primer juego de un doble partido contra los Senadores.


“Como era a siete entradas, me pusieron a abrir ese juego”, recordó. “San Juan tenía un gran equipo”.


Dirigidos por Bill Virdon un año después de que Roberto Clemente hubiera estado a cargo del equipo, los Senadores contaban con figuras como el toletero de Pittsburgh, Richie Zisk, el panameño Rennie Stennet y el lanzador Bruce Kison, entre otros.


También los Criollos tenían grandes figuras: estrellas como Guillermito Montañez (quien lideró la liga con 15 jonrones ese año), Félix Millán, Jerry Morales y el receptor Eliseo Rodríguez, aunque Eliseo no fue su receptor en esa ocasión: “Me catcheó Roberto Santiago, otro cagüeño. Pitcher y receptor éramos criollos”.


El lanzador, cuyos hermanos Julián (un jardinero y lanzador) y Angel Luis (jardinero), también jugaron en el béisbol organizado, había firmado con los Filis por un bono de $9,000, más un bono ‘progresivo’ de $7,500: “Le decían progresivo porque le daban a uno una cantidad por llegar a Doble A, otra por llegar a Triple A y la última si uno llegaba a Grandes Ligas”, explicó. “Así que yo lo terminé de recibir cuando me subieron en 1971”.


Pero Muñiz jugó los primeros años de su carrera como receptor.


“Ese mismo primer año que firmé vine a jugar con los Criollos”, dijo, “pero casi nunca me dieron una oportunidad mientras fui receptor”.


“Solo recuerdo haberle ‘catcheado’ unas entradas a Ferguson Jenkins”, agregó, mencionando al futuro miembro del Salón de la Fama, que sería una estrella con los Cachorros y los Filis.


Pero en Estados Unidos, después de haber llegado hasta Triple A, los Filis lo devolvieron a Clase A en 1969 para que se transformara en lanzador.


Para 1971, antes de que los subieran a las Mayores, ya había comprobado su talento, al amasar como relevista en Triple A un récord de 8-2 con 3.39 de efectividad y 72 ponches en 69 entradas.


En 1972 estaba registrando otra buena actuación en Triple A cuando, al final de la temporada, al entrar a relevar en un juego, “con el primer lanzamiento que hice el brazo se me cayó”.


Estuvo el resto de ese año recibiendo tratamiento, y la lesión siguió afectándolo cuando regresó a jugar en Puerto Rico, “por lo que decidí no volver… hasta el sol de hoy”.


“Tengo 73 años y el brazo me sigue doliendo a veces”.


Ha tenido una vida fructífera y exitosa desde entonces, sin embargo: padre de dos hijas y un hijo y casado desde hace 53 años con Evelyn Sánchez Torres, Manuel, incluso mientras jugaba ingresó a la Guardia Nacional, donde estuvo 22 años, y, ayudado por un amigo que había jugado con él, se convirtió en aguacil del tribunal superior, retirándose en 2003 luego de 30 años de labor.


En el béisbol, dirigió en las categorías de 13-14 y 15-16 años en la liga de Villa Nueva, donde ganó seis campeonatos estatales y un campeonato mundial en Pony y también dirigió en la Doble A (a los desaparecidos Múcaros de Caguas) además de trabajar como ‘coach’ de lanzadores con Aibonito y Yabucoa.