• Editorial Semana

A ciegas el desempeño de nuestras agencias


Por: Jesús Santa Rodríguez


“Lo que no se define no se puede medir.” “Lo que no se puede medir no se puede mejorar.” Estas citas atribuidas al físico y matemático William Thomson Kelvin, y al consultor en temas empresariales Peter Drucker, respectivamente, señalan la importancia de definir los objetivos de un proyecto o negocio, establecer métricas y líneas de tiempo para su cumplimiento y delinear estrategias para la optimización continua de los procesos para la consecución de resultados.


Es pertinente destacar que la presente podría ser la primera Asamblea Legislativa en realizar vistas públicas conjuntas para dar seguimiento al desempeño de las corporaciones y agencias del gobierno y conocer cómo se han ido ciñendo a sus planes de trabajo y las proyecciones de gastos contra el presupuesto asignado para el presente año fiscal.


Al momento, muchas de nuestras agencias de gobierno no han podido siquiera proveer información tan básica como la cantidad de empleados que tienen, sus funciones específicas, cuáles son las razones por las que mantienen más contratistas que empleados -lo que encarece el gasto del gobierno-, si cuentan con instrumentos para medir resultados y calidad en los servicios, y las medidas correctivas necesarias para el mejoramiento de los procesos.


Cabe resaltar que en la empresa privada existen instrumentos y metodología para conocer si los empleados y equipos de trabajo con objetivos específicos cumplen con indicadores clave de rendimiento. Esto se conoce como “KPI”, o “Key Performance Indicator”. El indicador clave de desempeño mide el nivel de rendimiento de un proceso determinado, enfocándose en cómo se realizan ciertas funciones y la efectivividad de los procesos para alcanzar un objetivo específico. Estas herramientas no pueden ser exclusivas de las empresas privadas y deben ser requeridas a nuestras agencias y corporaciones públicas.


Dentro de los hallazgos más reveladores de estas vistas encontramos que a tres meses de la transferencia de empleados de la Autoridad de Energía Eléctrica a varias dependencias y corporaciones del gobierno, sus titulares desconocen cuántos trabajadores de dicha corporación fueron movilizados a sus agencias, cuánto dinero se ha desembolsado para nómina, qué funciones realizan y en qué áreas.


Igual desconcierto existe en el Departamento de Educación, agencia con mayor presupuesto para operar con solo un tercio de estudiantes que hace 30 años. Según sus directivos, nuestros estudiantes han venido fracasando los últimos 15 años en las pruebas para medir aprovechamiento académico sin que hayan identificado y establecido medidas correctivas ni cambios en los currículos o planes durante la vida lectiva temprana de los estudiantes. Tampoco cuentan con datos actualizados sobre la deserción escolar.


Estos y otros hallazgos delatan el alto nivel de ineficiencia institucionalizada y el fracaso del gobierno en implantar medidas correctivas urgentes, lo que valida la importancia de estas vistas de seguimiento. Ya es hora de dejar el avestruzamiento y reconocer los problemas sistémicos que aquejan a nuestras agencias. Sin esto, es imposible desarrollar el pensamiento crítico y tomar decisiones imperativas para lograr su resolución.