• Editorial Semana

A terminar con cuatro años de esclavitud


Por: Jesús Santa Rodríguez


La semana entrante se llevarán a cabo las elecciones generales, y nuestro país encarará otra coyuntura histórica de la cual dependerán no solo los próximos cuatro años de gobierno, sino, con toda probabilidad, nuestro futuro. Quien no recuerda o desconoce los pasados treinta años de nuestra historia, pensará que esta afirmación es exagerada.


Sin embargo, al pasar revista de los acontecimientos que nos han marcado, no cabe duda que fue desde los 90, en la era del gobernador del Partido Nuevo Progresista, Pedro Rosselló, en que comenzó una perniciosa manera de gobernar que todavía carcome nuestras estructuras de gobierno.


Fue, precisamente, durante el mandato de Rosselló, que durante las múltiples intervenciones por comisión de delitos contra su gobierno, el mismo Fiscal Federal para el Distrito de Puerto Rico, Guillermo Gil Bonar, manifestó que “La corrupción tiene un nombre y apellido: se llama Partido Nuevo Progresista”. Tan punzante y reveladora frase todavía resuena en la memoria de muchos de los que fuimos testigos del desfile de acusados, al menos cuarenta y dos, todos miembros del PNP y de la confianza de Pedro Rosselló.


El gobierno de Rosselló González no solo produjo el número bochornosamente más alto de funcionarios señalados, acusados y convictos por delitos o faltas éticas durante el desempeño de su gestión pública en Puerto Rico. Bajo su incumbencia también comenzó a hincharse la deuda del país mediante la inversión en obras inútiles que todavía pagamos y que nuestros hijos y nietos tendrán que resarcir por décadas, entre ellas el Centro de Convenciones y el Tren Urbano, en las que se despilfarraron miles de millones de dólares y todavía nos cuestan más de cien millones anuales para su mantenimiento. Todos pensábamos que un gobierno como ese no se repetiría. Nos equivocamos.


Bajo la administración del también estadista Luis Fortuño, vimos cómo se disparó la deuda del país, alcanzando el récord de 17,828 millones de dólares en solo cuatro años. En efecto, el endeudamiento de la Autoridad de Energía Eléctrica se duplicó en esos cuatro años, de 4,000 millones a 9,500 millones de dólares, dejando a esta corporación pública -y a todo el país- en la insolvencia. Durante ese cuatrienio también se rompió el récord de un déficit acumulado en exceso de 12,000 millones de dólares. La administración de Fortuño fue la causa eficiente de la quiebra de Puerto Rico, la creación de la Ley Promesa y la instauración de la Junta de Control Fiscal.


Muchos volvimos a pensar que el país no volvería a caer bajo otro gobierno corrupto e insensible del PNP, y fue cuando ganó Ricardo Rosselló, que finalmente se vio obligado a renunciar a su cargo porque el pueblo exigió su salida, ante el manejo casi criminal de recursos posterior a la devastación tras el paso de María, que nos dejó sobre cuatro mil muertos. A esta lamentable pérdida de vidas se sumarán, al menos, otros mil puertorriqueños por causa del Covid-19 antes de terminar el 2020.


Ahora, encarando las deleznables revelaciones de contrataciones de amigos y familiares, y confirmándose esquemas de pagos de comisiones sobre sueldos astronómicos, con una nueva ola de acusaciones y arrestos de legisladores del PNP que cometían sus fechorías bajo la mirada indiferente de los presidentes de Cámara y Senado, Johnny Méndez y Thomas Rivera Schatz, nos encontramos frente a una nueva coyuntura histórica y definitiva.


Este próximo martes Puerto Rico no puede volver a votar por la esclavitud de otros cuatro largos años en la que nos hunde el PNP que describió el fiscal Gil Bonar. El país tiene una cita para votar por la esperanza, para votar por el Partido Popular Democrático.