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  • Editorial Semana

Abelardo Díaz Alfaro vigente siempre


Por: Aida Mendoza Rivera


En el Taller de Investigación Juan David Hernández uno de sus temas de estudio es la figura Abelardo Díaz Alfaro. Y precisamente, el otro día visitando el Archivo Abelardo Díaz Alfaro me hice la siguiente pregunta: Cuál es la vigencia de la obra de este gran creador y escritor?


Antes de responder mi pregunta les repasaré a los lectores quién fue Abelardo Díaz Alfaro.

Nació un 24 de julio de 1916 en el sector Savarona de Caguas y sus padres fueron el ministro evangélico, periodista y escritor, Abelardo Díaz Morales y, la educadora, Asunción Alfaro Pratts.


La influencia pedagógica de su madre y el candor literario de su padre se reflejaron en el interés de Abelardo por las letras y la enseñanza. El sentido ético, moral y humanista desarrollado durante su juventud se manifestó al relacionarse con los grupos poblacionales que sufrían marginación dentro de una sociedad en transición. Esa inclinación por las causas sociales lo impulsó a formarse como Trabajador Social, estudiando en el Instituto Politécnico de San Germán y en la Universidad de Puerto Rico en su recinto de Río Piedras.


Díaz Alfaro laboró para la División de Investigaciones de Leyes del Departamento del Trabajo, supervisando el cumplimiento de las leyes para menores en esa materia. Debido a esta misión tuvo la oportunidad de viajar a distintos pueblos y zonas de Puerto Rico.


Asimismo, ejerció como Trabajador Social en distintas áreas rurales como Arroyo, Cidra y Comerío.


En 1959 se convierte en libretista y creador de los programas de Estampas de Teyo Gracia y Retablos del Solar para la WIPR-TV, emisora televisiva del Gobierno de Puerto Rico.


Abelardo Díaz Alfaro es considerado uno de los principales cuentistas puertorriqueños del Siglo XX. En el 1947 publica su primera obra llamada Terrazo, una recopilación de narraciones literarias inspiradas en los testimonios de los campesinos que conoció en su travesía laboral por las zonas rurales puertorriqueñas.


Con este compendio de relatos obtiene el primer premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña y fue reconocido por la Sociedad de Periodistas Universitarios. En esa excelsa obra de Díaz Alfaro se destaca el amor a la tierra.


Y hoy estamos tratando de rescatar ese amor. Aunque otros podrían decir que la tierra de Abelardo hoy es cemento, y lo poco que nos queda, los estadounidenses están tratando de quedarselo.


Hago referencia a la famosa gentrificación.


Así que El Josco no puede dejar de rugir para que lo nuestro siga en pie.


Díaz Alfaro fue un defensor de nuestro idioma, por el cual hoy seguimos luchando para perpetuarlo


como un elemento de identidad.


Ciertamente, la identidad es la clave en la obra de Díaz Alfaro porque lo único que podremos afirmar y nadie nos podrá quitar es nuestra identidad.


Tampoco podemos olvidar destacar su amor a la tierra trabajada por el jibaro puertorriqueño y sus problemas sociales, así como su reconocimiento al campesino: ese ser sensible que cultiva su alma y a su gente.


Sin duda, Díaz Alfaro plasmó en sus cuentos la incertidumbre que dominaba en el escenario social de Puerto Rico.


Hoy, lamentablemente y pese al legado del gran escritor, la canción sigue siendo la misma: al final, la vida sigue igual.


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