Ada: Dechado de virtudes


Por: Dr. Francisco Rivera Lizardi

riveralizardi@yahoo.com


El Caguas de los años 30 todavía conservaba ciertas frases españolas en sus conversaciones diarias. A todos los españoles se les llamaba gallegos, aunque fueran andaluces o catalanes.


Del bacalao a la vizcaína (vasco) salió el dicho “Te conozco bacalao aunque vengas disfrazao”. Las visitas en nuestro hogar se despedían agitando las manos: Abur. Abur. Que en vasco significa Adiós. Un dechado era un lienzo blanco encuadrado, elaborado en punto de cruz rojo por las manos de la señorita de la casa o la madre y luego presentado en una pared de la sala a los visitantes. “Bienvenido a nuestro hogar”, “Dios bendiga nuestro hogar”, “Jesús está con nosotros”, u otras citas religiosas. A la jovencita o la señora del hogar que era bondadosa, simpática, inteligente, religiosa, seria, estudiosa: se le llamaba un: “Dechado de virtudes”. Es decir, un cuadro de la sala que expone todas las buenas cualidades de la señora o señorita del hogar.


Mi hermana Ada Luisa era un dechado de virtudes. De niña ya cosía, bordaba, hacía punto de cruz. Era una estudiante de todas “A” en la Escuela Elemental José de Diego. Era católica de Misa y comunión todos los domingos. Siempre estaba leyendo. Se sabía de memoria los 20 tomos del Tesoro de la Juventud, enciclopedia que recogía todas las artes e historias de la humanidad y de escritores diversos. Cuando uno de los niños en el hogar preguntaba, digamos: “¿En qué tomo están las poesías de Bécquer?”. Ella enseguida contestaba: “En tal o cual”. Y siempre estaba correcta.


También le gustaba cantar. Los días en que no había clases escuchábamos la radio con mucha frecuencia. Ella prefería cantar las canciones españolas en el columpio de dos cómodos banquillos: posterior y anterior, de madera, alto y pintado de verde. Muy bien acomodado en la casa colonial española con amplio balcón en cemento y bellos balaustres ornamentales de hierro. Las canciones preferidas por ella eran las que se escuchaban por la radio en la voz de la bella española Imperio Argentina. El día que nací yo, Rocío, El Piconero y Échale guindas al pavo. Ella solía comenzar con El día que nací yo: “Qué planeta reinaría. Por donde quiera que voy, que mala estrella me guía. Estrella de nácar…” Otra de sus preferidas lo era El Piconero (el que cortaba en el picón los trozos grandes del árbol en carbones pequeños) para que las amas de casa pudieran cocinar: “Mi piconero, con el picón. Por tu culpa culpita yo tengo: negro, negrito mi corazón. Rocío, ay mi Rocío. Manojito de claveles. De pensar en tu querer voy a perder el, sentido. Porque te quiero mi vida como nadie te ha querido…Rocío, ay mi Rocío… Échale guindas al pavo, gustó tanto que llegó hasta el pueblo cagüeño. Un grupo de gitanos roba dos pavos y preparan un guisado de pavo muy oloroso. Uno insistía en que se le echaran guindas al pavo que él le echaría a la pava azúcar canela y clavo.. Ya estaba el pavo cocido y con rico olor escapando por las ventana, y la pava en el asador, cuando llega… ¡Jesús! Un Guardia Civil … (el enemigo frecuente y muy temido de los gitanos. Se lleva el fusil al rostro y apunta hacia los gitanos. Grita: Qué dónde está ese pavo…


A ver dónde está esa pava… Que eso sí tiene guasa, que yo no pruebe ni un ala… Se fue el miedo y el pavo fue compartido y disfrutado tanto por gitanos como el Guardia Civil de grandes bigotes. Un jíbaro cagüeño del barrio La Macanea hubiera comentado: En la vida tó es cuestión de comía… Uno en La Placita:¡Échale guindas al pavo!