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Adaptándose Laura Suárez a la vida en Valencia


Por: Jorge L. Pérez


A pesar de que no había podido debutar con su equipo de la liga profesional de España luego de más de un mes de espera porque se completaran los trámites de su visa para jugar, la estelar mediocampista cagüeña Laura Suárez estaba disfrutando tanto de su primera experiencia como refuerzo en Europa que solo podía señalar algo negativo.


“Todos los miércoles a todas nos hacen el PCR (la prueba molecular para detectar el COVID 19)”, dijo sobre el molestoso procedimiento que incluye una inserción en la nariz, “y la verdad es que no se lo recomiendo a nadie”.


“Pero en realidad eso es lo único que ha sido negativo aquí”.


Laura, de 28 años y natural del barrio Tomás de Castro, capitana de la Selección Nacional con la que ha militado desde hace 10 años y también del equipo de Puerto Rico Sol FC en la liga profesional boricua, hizo gestiones para irse a jugar en Europa como refuerzo luego de que la pandemia del coronavirus provocara la cancelación del torneo local.


“Pedí permiso a Puerto Rico Sol y ellos me lo concedieron”, dijo.


Entonces sus gestiones dieron fruto rápidamente: en octubre, fue invitada a España por el club Levante Unión Deportiva en la Liga Reto Iberdrola, Grupo B de la Primera División, localizado en la ciudad de Valencia.


“En realidad me llamaron para hacerme unas pruebas”, dijo, “porque solo me habían visto por vídeos. Pero en un corto tiempo, a los dos o tres días, me ficharon para el equipo”.

Era el comienzo de su segunda experiencia como jugadora profesional internacional, luego de haber jugado en Trinidad y Tobago en 2014.


Eso fue poco antes de que comenzara la temporada el primero de noviembre, pero Laura no pudo jugar entonces.


“El proceso del visado es muy complicado aquí”, dijo, “especialmente por el COVID 19”.

“Yo también vine con la intención de empezar mi maestría en nutrición en la Universidad de Valencia, pero por suerte no solicité la visa de estudio, porque sino ya estaría haciendo otro cuento”.


A pesar de la prolongada espera, Laura, quien espera debutar con su equipo en enero, ha podido adaptarse bien a las prácticas de su onceno y a sus compañeras y espera entrar en acción próximamente en la temporada en la que los equipos juegan una vez por semana, sábado o domingo.


“La verdad es que no nos ha ido muy bien, porque tuvimos un empate y tres derrotas en los primeros juegos”, dijo sobre los juegos que se celebran “a puertas cerradas” y sin fanáticos. “Pero las tres derrotas fueron por 0-1”.


“La temporada es muy larga -termina en mayo- por lo que hay mucho tiempo todavía, pero ya es hora de que empecemos a sumar puntos”.


Naturalmente, al igual que en el resto del mundo, en España se vive la vida a la sombra de la pandemia, pero, por lo que ella ha podido apreciar en Valencia, con unas particularidades muy especiales.


“Lo que veo es que aquí la gente está muy consciente y se cuida mucho”, dijo. “Incluso las propias jugadoras son muy conscientes y toman todas las precauciones, no solo por protegerse ellas, sino porque no quieren afectar a los demás”.


“Sí hay un toque de queda de 10 p.m. a 5 a.m. y es obligatorio el uso de las mascarillas, incluso dentro del carro cuando va más de una persona”, agregó.


“Pero, aparte de eso, la gente hace su vida normal: están abiertas las tiendas, las clases se dan de forma presencial en las escuelas…”.


“Normalmente el equipo tiene a sus jugadoras en una residencia pero, debido al virus, estamos hospedadas individualmente”, dijo Laura.


“Cada equipo tiene derecho hasta a cuatro jugadoras extranjeras pero hasta el momento solo habemos dos: una australiana y yo”.


Y aclaró que aunque técnicamente se considera que su liga es de Primera División, “la verdad es que en España solo hay una liga y se divide en Grupo A y Grupo B, y el Grupo B, donde estamos nosotros, es realidad como unan segunda división”.


En fin, graduada de biología de la UPR Recinto de Cayey, tras completar su cuarto año en Mayagüez, Laura también ambiciona continuar sus estudios postgraduados.


“Mi meta siempre fue ser nutricionista y para eso tengo que estudiar la maestría de dos años”, dijo, “y estoy solicitando tanto en Puerto Rico, como aquí en Valencia”.


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