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Adoctrinamiento fascista: raíz de la brutalidad policiaca


Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda


Conocí el proceso de adoctrina-miento de odio, xenofobia y represión cuando apenas contaba 22 años de edad en el entrenamiento básico del ejército de EEUU durante la guerra de Vietnam. Tal y como ocurre con el discurso fascista y retrógrado del conservadurismo de nuestros tiempos, se nos hablaba entonces de comunistas, socialistas, marxistas, terroristas, anarquistas y todo tipo de epíteto referente a los pueblos que diferían del discurso y pensamiento de los gobiernos capitalistas. Parte del entrenamiento consistía en el uso y dominio de la bayoneta y para ello, nos ordenaban atacar con furia una hilera de muñecos de paja para simular la exterminación de vietnamitas por supuestamente amenazar las democracias capitalistas. La consigna era matarlos.


Paradójicamente, fui parte de los independentistas de mi época reclutados por el ejército estadounidense pero afortunadamente regresé a Puerto Rico no solamente sano y salvo sino más independentista que nunca antes en mi vida. Prueba de ello es que jamás ha pasado por mi mente claudicar a nuestro derecho inalienable de libertad e independencia de la Patria. Curiosamente, mi experiencia militar coincidió con la época en que el legendario Mohamed Ali impugnó con éxito la constitucionalidad del Servicio Militar Obligatorio ante el Tribunal Supremo de EE.UU. Dicho estatuto había sido impuesto unilateralmente a los puertorriqueños por virtud de la Ley Jones de 1917.


Aunque las fuerzas armadas y los cuerpos policiacos tienen funciones distintas y separadas no es menos cierto que las tácticas de enseñanza y entrenamiento guardan mucha similitud tanto filosófica como represivamente. Ello me ha llevado a la conclusión de que ambos cuerpos fueron creados al servicio de los gobiernos, oligarquías y las clases dominantes del mundo contemporáneo. La doctrina de cero tolerancia, represión, brutalidad y abuso de poder siempre ha formado parte del formato curricular de dichas academias y por lo tanto, nadie puede negar que tanto las fuerzas armadas como los cuerpos policiacos han sido históricamente ‘adoctrinados’ mediante tácticas fascistas. Su objetivo es mantener control sobre universitarios, trabaja-dores, ambientalistas, defensores de los derechos humanos y minorías que reclaman justicia social, mejor distribución de la riqueza, menos corrupción y sana administración pública.


Realmente, no están muy lejos de la verdad los que afirman que tanto las fuerzas armadas como los cuerpos policiacos actúan como “perros sabuesos” al servicio de las estructuras de poder. De ahí la represión contra las minorías. Todo ello a nombre no de las libertades y derechos democráticas sino a nombre de los grandes intereses. Recuérdese los juntes históricos entre países aliados cuando se trata de proteger sus intereses mediante la fuerza de las armas.


Reconocemos la necesidad de la Policía de garantizar el orden, seguridad y convivencia social. Sin embargo, se impone un reenfoque humanitario sin odio, represión y xenofobia. En casos extremos, proponemos utilizar mecanismos sofisticados para la inmovilización instantánea de los intervenidos sin necesidad de agredirlos o asesinarlos.

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