• Editorial Semana

Afganistán ante las agresiones imperiales


Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda


Como se sabe, la hipocresía y las contradicciones de los países interventores nunca han tenido límites y mucho menos credibilidad y escrúpulos humanitarios. Francamente, los argumentos históricos, tanto de Inglaterra, Francia, Rusia como Estados Unidos, de invadir y colonizar países extranjeros diz que, para defender la vida, la dignidad y los derechos humanos raya en la mentira, la demagogia y la hipocresía. Todos sabemos que tanto las guerras como los conflictos bélicos siempre han sido motivadas no por el bien de la humanidad, sino para defender los intereses geopolíticos, hegemónicos y económicos de los países imperiales.


Probablemente, el nombre de Afganistán se escuchó en Puerto Rico por primera vez en ocasión del boicot decretado por los estadounidenses, y su presidente Jimmy Carter, a los Juegos Olímpicos programados para Moscú en 1980. Todo ello por la sencilla razón de que la entonces Unión soviética había invadido y ocupado a Kabul, capital de Afganistán, en 1979. Ello hizo pensar a Washington que el comunismo se iba a propagar por el mediano oriente colocando en precario los intereses económicos y la imagen imperial de Estados Unidos en dicha región del Mediano Oriente. Recuérdese que Afganistán es un país con 28 millones de habitantes, predominantemente islámico-musulmán, con grandes porciones de terrenos agrícolas, riqueza mineral y reconocido como el mayor productor de opio en el mundo. Súmele a ello su privilegiada localización geográfica y sus valiosas rutas marítimas para el comercio internacional. De ahí el interés de China, Irán, Rusia y el propio Estados Unidos de controlar sus mares y sus recursos naturales.


Luego de 10 años en Afganistán, los rusos abandonaron la guerra en 1989 con un saldo de 15,000 bajas militares y billonarias sumas de gastos provocando así el colapso y desmantelamiento de la Unión Soviética en 1991. A todo ello, la guerra le había costado más de 650,000 vidas afganas.


Lo irónico de esta historia es que, después de haber reprochado a los rusos y haber boicoteado los Juegos Olímpicos de 1980, Estados Unidos ocupó el territorio afgano por espacio de 20 años hasta su “forzada salida” el 31 de agosto de 2021. Tal y como ocurrió en Vietnam, las tropas estadounidenses se han visto forzadas a salir de Afganistán con “el rabo entre las piernas” y en ninguno de los dos casos logró imponer sus valores culturales, su estilo de vida capitalista y mucho menos colonizar y trastocar la idiosincrasia milenaria de ambos países.


Podríamos estar en total desacuerdo con el fundamentalismo y el autoritarismo religioso de los afganos, particularmente su cultura de opresión, enajenación y violación de los derechos de las mujeres. Sin embargo, reconocemos no solamente su derecho a gobernarse a sí mismos, sino también su derecho a defender su dignidad e integridad nacional tal y como lo hicieron los vietnamitas y otros países de nuestros tiempos.


Como independentista, nunca hemos reconocido el derecho de los imperios de imponer a los demás sus propias interpretaciones políticas, económicas y culturales.