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¡Alégrate… y haz el bien!




Por: Lilliam Maldonado Cordero


Tenemos un año fresco, como una hoja nueva en la agenda de la vida o la página blanca del primer día en la libreta de la escuela de nuestro futuro, empezando nada menos que con el día de hoy, y la única manera de lograr nuestras aspiraciones es soñando, planificando y acometiéndolas.


El 2024 nos presenta nuevos retos y oportunidades, y es momento para preguntarnos: ¿Hemos creado nuestra lista de cosas por hacer en esta vida que nos ha dado Dios? ¿Nos hemos propuesto ser mejores personas? ¿Hemos decidido buscar una reconciliación con familiares y amigos, o ser más pacientes con nuestros allegados? ¿Nos hemos comprometido a producir menos basura y reciclar más? ¿Acaso hemos decidido abrazar nuestra fe e ir con más frecuencia a nuestra iglesia o celebrar nuestro credo? ¿Calendarizamos visitar más a nuestros viejos y dedicar tiempo de calidad a nuestros hijos, nietos o amigos? ¿Nos hemos matriculado para terminar estudios formales, tomar clases de formación profesional o alcanzar otro grado? ¿Hemos escrito en nuestros planes nuestros sueños más preciados, con fechas, como cuándo iremos a ver las aguas iluminadas en Guánica o Vieques, viajar a ver la aurora boreal en Canadá, Alaska o Noruega, o ir en crucero por las Islas Vírgenes o el Mediterráneo?


Hagámonos estas preguntas y establezcamos una prelación de propósitos, no solo para organizarnos. También, como un mapa de vida para asegurar que logremos algunos de ellos este año y proyectar otras metas para el futuro. Cualesquiera que sean nuestros sueños, es necesario incluirlos con formalidad en nuestros planes de vida, lo que algunos llaman un bucket list.


Y qué es un ¿bucket list? La traducción de esa expresión informal del inglés es “lista de cosas para alcanzar en nuestra vida” antes de morir. Muchos viven enfocados en respirar, levantarse, comer, trabajar y acostarse. Lograr estas cosas básicas es un privilegio para muchos, y concienciarnos sobre estos derechos inalienables de otros es un deber. Sobre esto, podemos preguntarnos, ¿hemos ayudado a otros a alcanzar una vida digna, incluso a familiares y amigos? ¿Compartimos de nuestras bendiciones con los que tienen menos? ¿Damos de lo que tenemos para que otros puedan ver satisfechas sus necesidades? Existen muchas iniciativas sociales para ayudar a niños enfermos, hospitales especializados para condiciones crónicas, brindar cuidad a animales sin hogar, o aportar alivio y ayudar a comunidades bajo el asedio de guerras. Con todas las herramientas tecnológicas de hoy día, es posible tener acceso a información relacionada con estos proyectos, y no requiere mucho de nuestro tiempo compartir de nuestras bendiciones y recursos para hacer la diferencia en la vida de otros.


También, muchos tenemos bucket lists, pero estamos demasiado afanados con los deberes y el trabajo, esperando a desempolvarlos algún día. Ciertamente, la prioridad debe ser que seamos mejores personas y compartamos de nuestras bendiciones con los menos afortunados. Pero, también debemos tener como propósito hacer nuestra lista personal de sueños con fechas razonables para lograrlos e identificar aquellas personas con quienes quisiéramos compartir estas experiencias. Incluso, también es tiempo de evaluar relaciones y amistades, y echar a un lado la toxicidad y lo que nos daña e impide lograr lo que anhelamos. ¡Actualicemos nuestro bucket list!


Como dice el Eclesiastés: “¿Qué provecho saca el trabajador de tanto afanarse? Yo sé que nada hay mejor para alguien que alegrarse y hacer el bien mientras viva…”

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