• Editorial Semana

Al inicio del mes de diciembre


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


De cara al inicio del mes de diciembre en el país conocido como el de las Navidades más largas del mundo, nos preparamos para unas celebraciones en las que habrá que decidir si trullar virtualmente, si cantar solos en casa, o si actuamos como irresponsables y la fiesta y la bebelata es más fuerte y continuamos como si nada.


Continuamos escuchando informes de aumentos en casos de este virus que llegó para quedarse, pero que ha ayudado a reflexionar sobre muchas cosas y también a identificar la solidaridad o la hipocresía de la gente. Sin duda, preocupada está la mayoría, pero más nos debe preocupar, como verdaderamente actuamos. En este proceso vemos que a aquellos que al enterarse de que alguien tiene COVID, la histeria y los deseos de salir corriendo los arropa, pero a esos mismos, cuando llega el fin de semana los ves en alguna barra, fiesta, playa o buscando excusas para salir y hasta planeando como parrandear ya andan.


De cara al mes de diciembre y casi a un mes de las elecciones, todavía escuchamos que hay quien no sabe si ganó, si hubo algún acto indebido, si aparecen o no más papeletas, si esto o aquellos tienen razón. En fin, ya esto es parte de nuestro folklore.


Al menos vimos como la gente, de un viernes negro de largas filas escapó, los comercios hicieron su parte ampliando el periodo de tiempo de sus especiales y la gente con calma acudió. No creo que el COVID los haya escondido, más bien el público se organizó.


Se comenta que en la Sanse este año, no habrá reunión y ante esto esperemos, que las nuevas autoridades se aseguren de tomar medidas para que la gente, no se le ocurra inventar como a su manera celebrar. Este año será la prueba que demuestre si temenos la fuerza y la verdadera conciencia como pueblo, para no solo sacar a un gobierno, sino también proteger al hermano, al primo al vecino y más aún a los ancianos. Este año sabremos si realmente nos importa la gente o cuán ignorantes nos mostramos, creyendo que el COVID cogerá a cualquiera menos a nosotos.


Los pasteles, el lechoncito, la morcilla y el ponchecito nos podremos comer, pero seguro que al igual que en el pavo, en cada casa, cada familia, se volverá a ver. El llamado a aprender a usar la tecnología no lo podemos detener, será importante que un teléfono o una computadora con cámara, cada cual deba tener, para acercase a los suyos y en esta Navidad a la familia saludar. Claro que podemos vernos, pero que sea por internet. De abrazos virtuales aprendemos y de parrandas y espectáculos también.


Del uso de la mascarilla, no nos podemos cansar y mantener nuestros pensamientos en la búsqueda de una cura, medicamento o vacuna que nos permita regresar a una vida de rutina aunque no vuelva a ser igual, porque sin duda, después del COVID, pocas cosas serán igual.

De cara al mes de diciembre, vemos como se nos ha ido un año que aunque cosas se han aprendido, seguimos sin entender,¿por qué siguen las crueles matanzas, por qué matar es la opción? Entre vecinos y exparejas, en el bajo mundo y sin razón.


De cara al mes de diciembre del año 2020, esforcémonos por ser solidarios, empáticos y comprensivos, creativos de nuevas formas y preparémonos para una Navidad en la que sean más los buenos deseos, que adaptemos la tradición, en la que el Niño Dios sea el verdadero centro y en la que en cada corazón haya una luz de esperanza, comprensión y consuelo.

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