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Alcalde de Cayey denuncia se falla en la aplicación de la ley contra la pirotecnia


Rolando Ortiz Velázquez, alcalde de Cayey.

Redacción Editorial Semana, Inc.

redaccion@periodicolasemana.net


El alcalde de Cayey, Rolando Ortiz Velázquez, reaccionó al alarmante aumento de uso de pirotecnia de todo tipo. Afirmó que en la pasada Nochebuena y Navidad se notó que dichos artículos ilegales son cada vez más fuertes. “Mi mayor preocupación son los niños con autismo, las personas mayores de edad y las mascotas, que se afectan más que el resto de la población”.


El también expresidente de la Asociación de Alcaldes de Puerto Rico añadió que la Ley de la Pirotecnia de Puerto Rico (Ley Núm. 83 de 25 de junio de 1963, según enmendada), continúa vigente pero no está siendo aplicada con todo su rigor. “Esta Ley es bien específica en su lenguaje, para prohibir la tenencia, uso, fabricación, importación, venta, ofrecer, entregar a cualquier persona o disponer de artificio o producto de pirotecnia. Derogó la Ley de 1948 y menciona desde los cohetes y petardos, hasta los llamados siquitraques”, detalló.


Ciertamente la medida añade las luces de bengala y cualesquiera otros análogos, ya sean aéreos o explosivos, con sus nombres en inglés como big bomb, saturn missile, flash cracker, artillery shell, pulling firecrackers, thunder bomb firecracker, whistling moon traveler, entre otros, en los que se utilice cualquier compuesto químico o mezcla mecánica que contenga unidades oxidantes y combustibles u otros ingredientes, o cualquier sustancia que por sí sola o mezclada con otra pueda ser inflamable.


“No solamente son los niños con condiciones de autismo quienes se afectan de una manera particular, sino también los que tienen otras condiciones, así como las personas en edad avanzada, porque no todos toleran el ruido excesivo, en especial los que encamados. Hay que tomar conciencia de ese impacto auditivo y buscar alternativas para corregirlo”.


Agregó que la pirotecnia afecta de diversas formas a las mascotas, desde daños físicos a sus aparatos auditivos hasta su capacidad auditiva. En los perros y gatos provocan además que sufran miedo y fobias, y pueden ocasionarles, asimismo, mutilaciones y accidentes mortales.

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