• Editorial Semana

Analfabetismo funcional: otra secuela del Covid-19


Por: Jesús Santa Rodríguez


La crisis del Covid-19 en Puerto Rico sigue sin control, lo que seguirá costando la salud y vida de cientos, quizás miles de hermanos, así como el sacrificio económico y la agudización de la marginalización y pobreza de otros cientos de miles, por el distanciamiento social que impide a muchos acudir a sus centros de trabajo y hasta visitar centros de atención médica primaria.

Según el Departamento de Salud, en las primeras tres semanas de agosto se registraron en el país sobre 120 brotes de Covid-19, más de cinco veces la cantidad reportada en los periodos anteriores, mientras el promedio de decesos diarios continúa incrementando. De los casos confirmados, Salud pudo contactar menos de la mitad para identificar los asintomáticos positivos que serán responsables de dejar otra secuela de contagios y muertes.


En resumen, estamos peor de lo esperado y sucedió lo que se advirtió: las medidas erráticas que tomó este gobierno, ordenando un distanciamiento social desde temprano en marzo sin las herramientas necesarias para paliar la pandemia ni aprovechar ese periodo para establecer un protocolo comprensivo, nos han traído a un callejón sin salida.


Este escenario debe ser peor, pues el Sistema municipal de investigación de casos y rastreo de contactos de Salud no incluye a todos los municipios en este cernimiento científico, entre ellos Adjuntas, Morovis -lugar donde se llevó a cabo una actividad multitudinaria sin mascarillas y sin distanciamiento físico- ni San Juan, que por su población podría alterar significativamente al alza de esta curva los contagios y muertes por Covid-19.


Recordaremos que una vez se levantó el encierro -otra vez, primando consideraciones punitivas antes que científicas para evitar y disminuir contagios-el país seguía a la deriva por las malas decisiones de un gobierno al que le importó más la visibilidad oficializada y el populismo para la capitalización electorera, que establecer medidas más rigurosas como el rastreo de casos al arribo de visitantes a la Isla, la imposición del uso de mascarillas y el distanciamiento social.


Lo más atroz e inmoral es que al gobierno le ha importado poco lograr que el Departamento de Educación cumpla con su deber ministerial y utilice las herramientas necesarias para que los estudiantes de escuelas públicas se eduquen, recrudeciendo la posición ya desaventajada de nuestros niños y jóvenes que dependen del sistema de instrucción del país. Toda una generación de puertorriqueños ha sido privada de su derecho constitucional a la educación, lo que podría promover el analfabetismo funcional, que es la incapacidad de un individuo de utilizar la lectura, escritura y cálculo de forma eficiente en situaciones habituales de la vida. Todo esto durante un cuatrienio donde la educación ha sucumbido a su nivel más profundo por el cierre indiscriminado de escuelas y el fracaso de proveerles recursos a maestros y niños.


Esta traición a las presentes y futuras generaciones acarreará consecuencias importantes con efectos exponenciales sobre toda una generación de puertorriqueños que no contarán con las herramientas mínimas, impidiendo que puedan integrarse a los sistemas de funcionamiento social del país y competir en el mercado laboral y profesional oportunamente.

Es hora de asumir consecuencias y tomar decisiones.