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  • Foto del escritorEditorial Semana

Angustia o ansiedad social contemporánea I




Por: Juan Ilich Hernández


No es casualidad el que actualmente retomemos los conceptos de la angustia y la ansiedad para reflexionar cómo se sitúa no solo la condición humana, sino también su ecología sociopolítica ya que el verdadero malestar en la cultura sigue siendo el “fast-track”. Con tan solo salir a la calle, sea a trabajar como a ejercer cualquier tipo de quehacer cotidiano, puede percibirse e identificarse una especie de intensivos maremagnos psicoemocionales. Entre las sensaciones y sentimientos que andan anidando climatológicamente hablando está la angustia y a su vez la ansiedad. Sin embargo, según el filósofo danés Soren Kierkegaard la angustia precede cualquier tipo de sentimiento, justamente como es la ansiedad. Y esto se debe a que si somos seres sociales autónomos que gozamos nuestra libertad, estamos condenados a vivir con angustia. Es decir, que solamente las personas que son libres son capaces de observar más allá de lo aparente e incluso de interpretar desde otros anteojos la existencia humana.


Evidentemente, la moral de la angustia orgánicamente impone un cierto criterio de aceptación versus rechazo en lo que concierne a nuestra toma de decisiones. De este dinamismo y encontronazo psicológico y sociológico es que acontece el caótico planteamiento de si somos libres, dado que como bien expone Kierkegaard (1844) “las masas exigen libertad de expresión como compensación por libertad de pensamiento que rara vez se usa”.


Dentro del interminable debate y engranaje de que, si somos libres o no, es que todavía permanece vivo el repetitivo efecto mutacional del control social por parte de la lógica del capital. Sus mejores representaciones hoy se manifiestan bajo una sutil anestesia llamada ofuscamiento y diversión. Los medios de comunicación de masas (televisión, radio, podcasts, influencers, redes sociales, periódicos, etc.) han ayudado a facilitar dicho objetivo, pero el desarrollo más agresivo adviene de las mismas nuevas tecnologías cuyo detonante mayor es el “clickbait” (ciberanzuelo). Mediante esta llamativa e invasiva técnica de filtración de datos es que se manipula a diestra y siniestra cualquier información que este siendo tendencia, justamente como es complot mundialista de la “pseudo casa de los famosos”.


Cada uno de estos eventos no solo han intervenido en el primer nivel estado psicoemocional de las masas el cual se define como ansiedad, sino también en su mismo mundo imaginario y espiritual. Tanto es así, que si nos formulamos la pregunta existencialista ¿Si realmente somos seres sociales plenos? Encontramos que, al responderla, la mayoría de las personas tardarán en procesar tal planteamiento introspectivo ya que esta permite sacar a flote cuán coaccionados están nuestros deseos, fantasías, toma de decisiones y libertades.


La grandeza de esta era de la ansiedad-angustiosa que vivimos es que está totalmente maquillada bajo el nombre del imparable fenómeno del hiperconsumo. Han sido sus rasgos predominantes como la satisfacción, la inmediatez, el sentimiento de pertinencia e identidad social los que le brindan creces de endiosamiento a los productos y prestaciones de servicios que devengan tales plataformas.


Gran parte de toda la rampante problemática mundial que está desatándose como es la viviente y fragmentada tercera guerra mundial entre el meollo negro (Medio Oriente) versus Occidente, la impagable deuda presupuestaria de los países latinoamericanos, entre otros inflama aún más el estado de incertidumbre angustioso/ansioso. Es por ello, que países con mucho poder adquisitivo e influencias internacionales que a su vez se encuentran teniendo sus choques civilizatorios en otras latitudes del mundo como China, Estados Unidos, Rusia, Turquía, etc. traslapan los contenidos informativos. De este modo se reconstruye la ansiedad-angustiosa… (Continuará)


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