Antillano de pura cepa


Sixto López en su oficina en La Cubanita.

Por Jorge L. Pérez


Sixto López Cartagena no necesita ponerse a ver vídeos de viejos eventos deportivos para saciar su sed deportiva: con los recuerdos tiene de sobra.


Propietario de empresas La Cubanita, de Caguas, que data de 1949 y se conoce mayormente por sus guayaberas aunque produce también uniformes de todo tipo y hasta chalecos a prueba de balas, y cuenta desde hace 15 años con una fábrica en la República Dominicana, los primeros recuerdos deportivos de Sixto se remontan al béisbol.


“Yo nací y me crié en la urbanización El Verde, junto al Solá Morales”, dijo López, de 64 años, “pero puede decirse que prácticamente me crié en el Solá”.


Para empezar, cuando estaba jugando en una liga infantil en el terreno de béisbol que usaban los niños frente al parque “y jugábamos casi sin equipo: algunos no tenían guantes y solo teníamos una bola que nos había regalado José Antonio Pagán”, un día se presentó “un moreno de 6’2” que abrió unos sacos y comenzó a sacar guantes, bates y bolas de béisbol y nos dijo: ‘Aquí va a a ser la primera Liga Gillette de Puerto Rico”.


Resultó ser José Manuel Cora, padre de Alex y Joey y reconocido como uno de los fundadores del béisbol de pequeñas ligas en Caguas.


Eventualmente, Sixto se convirtió en uno de los mejores jugadores de esa liga: “Cora me decía ‘la aspiradora’ porque las cogía toda en tercera base”, dijo.


En una ocasión lo llevaron como parte de una selección a jugar en Aruba y “Mister Cora, como yo le decía, me dijo en el avión: ‘Siéntate aquí’… y resultó que me estaba sentando junto a Tetelo Vargas, a quien él había llevado como capitán del equipo”.


El legendario pelotero nacido en la República Dominicana brilló en el béisbol caribeño, tanto en la liga dominicana como en Puerto Rico, donde ganó tres títulos de bateo.


“Quizás a eso se debe mi enamoramiento con la República Dominicana”, comentó Sixto.

Al mismo tiempo, Sixto no salía del Solá Morales: “Mi familia fueron Guillermito Montañez, José Antonio Pagán, Nate Colbert, Cal Ripken…”.


Eventualmente, sin embargo, Sixto emigró hacia el voleibol: luego de destacarse con la Escuela Gautier Benítez, de Caguas, fue becado por el Colegio de Mayagüez, de donde alcanzaría un bachillerato en biología, y jugaría en la Liga Superior en la década de los setenta y ochenta, tanto con Caguas como con Guánica “el único año que Guánica tuvo franquicia en la Liga Superior”.


Incluso llegó a estar un año en la Selección Nacional.


Su hijo, Carlos Luis López fue una estrella en la liga superior y jugó seis años en Francia, siendo “el primer acomodador puertorriqueño al que llevaron a jugar como refuerzo en Europa”.


Su hija, Griselle López, jugó a su vez tres años como libero con las Criollas y terminó consiguiendo una beca completa para jugar con la Universidad de Virginia, de donde se graduó de leyes.


Pero a Sixto también se le conoce por su íntima relación con el deporte caribeño.


“Me dicen El Antillano”, explica, riendo, “porque soy puertorriqueño, quisiera ser dominicano y mi compañía se llama La Cubanita”.


La Cubanita trasladó su fábrica a la República Dominicana hace unos 15 años y es allí donde Sixto pasa parte de su tiempo, pero en específico cuando empieza la temporada de beisbol invernal.


“Soy Estrellista de toda la vida”, dijo, refiriéndose a las Estrellas Orientales de San Pedro de Macorís. “Como escribo para varios medios regionales conocido como ‘El Antillano’ tengo mi carnet de prensa y puedo ir a todos los juegos”.


Así, dijo, ha conocido a figuras “desde Juan Marichal hasta Pedro Martínez, a Fernando Tatís, padre e hijo, a Robinson Canó”.


Gracias a todo ese trasfondo, don Sixto está en una posición ideal para analizar -y lamentar- la situación en que han quedado tanto Puerto Rico como la República Dominicana en medio de la crisis ocasionada por la pandemia del coronavirus.


Pero una de las tragedias de tener dos patrias, por supuesto, es que no solo uno las quiere por igual… sino que las sufre, también por igual.