• Editorial Semana

Baile, botella y estadidad


Por: Jesús Santa Rodríguez


El mismo día que los medios de prensa revelaban datos escalofriantes que colocan a Puerto Rico con una tasa de positividad alarmante en las pruebas moleculares de Covid-19, y que se confirmó con claridad la escritura en la pared que todos veíamos -excepto el gobernador- de que el maltrecho Departamento de Educación volvería a quedar acéfalo, porque la secretaria que nominó para dirigirlo no contaba con los votos necesarios para su confirmación, Pedro Pierluisi prefirió continuar con la agenda de adelantar su ideología política de crear la comisión inútil pro estadidad.


Su prioridad no es la implantación urgente de un protocolo para controlar y minimizar los contagios del Covid, sino empujar su agenda política mediante una elección fútil para escoger seis cabilderos inconsecuentes que buscan adelantar la estadidad, a pesar de que líderes del Congreso ya se ha expresado en contra. También, busca promover otra consulta irrelevante que enviará el mismo mensaje de siempre a los congresistas a quienes la estadidad para Puerto Rico les importa un bledo. Este capricho de Pierluisi le costará al pueblo casi dos millones de dólares, a pesar de que la medida radicada fue ampliamente derrotada por la Legislatura, con solo dos votos a favor de miembros de la delegación de minoría de su Partido Nuevo Progresista.


Ya los líderes estadistas andan llorando, reclamando que la poca participación en esta consulta infame responderá al reducido número de colegios que estarán abiertos. No se les ocurre pensar que podría ser porque nuestro sistema de salud está al borde del colapso y amenaza con dejar la ciudadanía a merced de una crisis. Tampoco se han sentado a reflexionar sobre las decenas de miles de mujeres jefas de familia que tienen que barajar el cuido de sus hijos, su educación virtual y sus comparecencias presidenciales o virtuales a sus áreas de trabajo. Detrás de estos $2 millones no hay un plan para proveer transportación regular entre nuestras islas municipio ni se invertirá en el pago de más y mejores recursos para el acceso a la educación remota. Es más, no se ha considerado su distribución entre las familias pobres que todavía permanecen sin techo desde el huracán María o los desplazados por los terremotos.


Lo que sí está detrás de este derroche millonario de dinero público es engrosar artificialmente su ideario estadista anémico, con el fin de continuar engañando al corazón más ingenuo de sus seguidores, que no se ha enterado que la única forma de convencer al Congreso de que nuestro pueblo merece ejercer su derecho a la autodeterminación es a través de una consulta consensuada, con la suma de intenciones de los puertorriqueños para resolver dignamente, de una vez, el problema del estatus.


Con un País en ruina fiscal, social y económica, Pierluisi ni sus mercenarios, cobrando sueldos astronómicos al costo de nuestro dinero para baile, botella y baraja en Washington D.C., no convencerán a unos políticos mucho más ladinos que ellos que Puerto Rico tiene que ser admitido permanentemente, a la cañona, a un País cuyos aliados caminan a la altura de sus hombros, no debajo de sus zapatos.


Esta consulta y sus cabilderos son otra traición al pueblo, muy particularmente a sus propios seguidores.