• Editorial Semana

Calma, paciencia y prudencia


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


Seguimos camino al periodo, a mi juicio, más hermoso del año, la Navidad.


Hemos reflexionado en la necesidad que nos presenta este año de adaptarnos, lo que en la Navidad no será la excepción. El gobiernos y las autoridades continúan considerando ajustes pero sigo preguntándome cuándo nos daremos cuenta que los ajustes deben ser personales y familiares.


Comparto esta vez, esta reflexión que surge de la expresión que escuché de alguien recomendando cuál debe ser una de las formulas a seguir para lograr movernos relativamente pronto a algo que se parezca a la anterior llamada normalidad. Decía la persona que en esta Navidad lo importante iba a ser, tener calma, paciencia y prudencia.

La calma en el ser humano es la ausencia de agitación, es esa actitud o cualidad de tranquilidad, serenidad, quietud o sosiego que muchas veces ayuda al encuentro de la paz interior y ayuda a promover la paz en nuestro entorno.


Producto de las exigencias a las que nos expone el mundo moderno, perdemos de vista de que la paz donde único se encuentra es en nuestros corazones y desarrollarnos como personas de fe y ayuda al encuentro de la paz, que va de la mano de mantenernos en calma, especialmente en los momentos más difíciles o retantes. En tiempos de incertidumbre y preocupaciones como los que vivimos, esforzarnos por buscar la calma en cada momento será de gran ayuda y esperar y tener la calma de esperar que todo se ordene, sera más que necesario.


La paciencia es la actitud que lleva al ser humano a poder soportar contratiempos y dificultades para conseguir algún bien. Es también una virtud consistente en soportar con resignación infortunios, trabajos, ofensas etc, sin lamentarse.


En estos momentos son muchos los cambios, diversas reacciones de la gente y compleja y cambiante la información que nos llega.


No creo que exista alguien que pueda decir que no ha vivido contratiempos, ni ha enfrentado dificultades por razón de lo que estamos viviendo, por lo que la paciencia, sin duda, mas vale que la hayamos hecho parte de nuestra vida diaria. Para vivir otras Navidades, esperemos con paciencia que todo vuelva a su lugar.


Es la prudencia la capacidad de pensar, ante ciertos acontecimientos o actividades, sobre los riesgos posibles que estos conllevan y adecuar o modificar la conducta, para no recibir o producir perjuicios innecesarios. Desde la perspectiva de la fe, la prudencia es una virtud cardinal que consiste en discernir y distinguir lo que esta bien de lo que esta mal y actuar en consecuencia. En su definición, se identifica que la prudencia es el comportamiento dirigido a actuar de forma justa, adecuada y con moderación. No hay mucho tiempo para aprender a ser prudentes, no serlo, solo será en perjuicio nuestro, pues solo la prudencia nos ayudará a estar bien y a no tener mucho que lamentar por haber sido imprudentes.


Camino a la Navidad, no es cuestión de ordenes ejecutivas, no es cuestión de Agencias o gobiernos. Para que llegue la Navidad y también el nuevo año, a todos debemos regalar calma, paciencia y prudencia.

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