• Editorial Semana

Calmelita Calmona


Por: Dr. Francisco Rivera Lizardi

riveralizardi@yahoo.com


De niño en nuestra casa me llamaban Salpiche, Zahorí y Fascistol (Presentao). Cógelo suave. Pero también pasaba largos ratos escuchando la música de la radio y programas para niños y leyendo libros.


Me decían: Paco, eres más malo que los pujos de coco. Cógelo suave, suavena. Paco, cuando tú seas grande, por una muchacha bonita vas a brincar seis pelos de alambre. (Las guardarrayas en nuestros campos delimitaban sus fincas con dos o tres hileras de alambre de púas). Yo iba a brincar, seis. Tómalo con calma, muchachito…


En la Escuela Superior Gautier Benítez yo jugaba baloncesto y volibol. En el Field Day corría los 400 metros lisos. Pertenecía al Club de Arte Dramático de doña Prova Vieta donde montábamos obras de uno o dos actos de los españoles Hnos. Álvarez Quintero. Cantaba en el coro dirigido por la profesora Sra. Collazo. Era tenor. Pertenecía al Club de Estudiantes Católicos de la de la Gautier. Bailaba con las simpáticas muchachitas de Caguas en sus elegantes bailes de los sábados en la noche. Con orquesta Sanjuanera o de Mayagüez. Aprendí a bailar boleros a pasos largos, y traté hasta que al fin dí con el mambo cubano. Luego del mambo los cubanos tiraron el Chachachá, pero no pude con él. Ya estaba próximo a graduarme. En la clase del año 45. Eran años de serenatas a las muchachas bonitas. Tuve una noviecita de bonitos ojos verdes. Con calma muchacho con calma…,Cógelo suavena.

Efectivamente, me esperaban, con toda la calma, 4 años de UPR, y uno en la Escuela de Medicina Tropical.


Dos años en el Servicio Militar no fueron ningún dulce de coco. Fueron días de vida o muerte... De tres “shipeos” (barcos hacia Korea llenos de soldados puertorriqueños) me fueron borrados a última hora. Al fin lo sobreviví. No hubo persona alguna que me dijera: Cógelo con calma, muchachito. No estaba el ambiente para lindezas.


Barco hasta Europa para estudiar Medicina en la Ciudad Universitaria de Madrid. ¡Francia, París, Madrid! Un estudiante puertorriqueño me comentó una vez: Paquito, tú llegaste a Madrid: “Gallo jugao”… Es, que casi durante toda la carrera me la pasé cantando el tango de Carlos Gardel: Amores de Estudiante. “Hoy un juramento, mañana una traición , amores de estudiante , flores de un día son”… Excepto durante las semanas de exámenes, claro está. Solo estudios.


Una vez en Caguas: estudios de Pediatría, oficina de pediatra, boda, hogar, hijos y mucho trabajo. De día y de noche. En la oficina, en el hospital, en mi casa: los domingos, el Día de Reyes, Año Nuevo. Nunca nadie me dijo que lo cogiera con calma o ‘Tate quieto, muchacho, saca un rato para respirar. O tal vez: Tranquilo , tranquilo. Pero al cumplir 90 años, A Dios Gracias, quieto en casa frente a la computadora oyendo música de la niñez, adolescencia y España, yo mismo me he dicho: Tranquilo, Paco. Ahora todo el tiempo con Calmelita Calmona. La conocí y me gusta mucho su reposo…