Caminando con Dios y bailando con el diablo


Por: Jesús Santa Rodríguez


En medio de la vergüenza de la elección para escoger a los “cabilderos de la estadidad”, el gobernador Pedro Pierluisi continúa con su misión de prolongar la agonía de su liderato, proponiendo un facsímil de documento de petición presupuestaria que a todas luces viene a conformar la materialización del pensamiento, palabra, obra y omisiones de la Junta de Supervisión Fiscal.


Lejos de cumplir con su mandato constitucional, Pierluisi heredó la mala costumbre de Ricardo Rosselló y los miembros de su gabinete legislativo, de renunciar a sus deberes y facultades, para sentarse a la orilla del camino a ver cuál es la voluntad de la Junta Fiscal y cuáles sus designios en torno a los bienes y haberes públicos, antes que buscar el bienestar del pueblo.


Al gobierno actual, -que no es otra cosa que la prolongación del mandato proscrito de la administración Rosselló-Pierluisi-Vázquez-, no le ha bastado que los poderes responsables de proponer un presupuesto balanceado y avalarlo -el gobernador y la Asamblea Legislativa- hayan arrastrado los pies durante los pasados cuatro años, dejando al designio de la Junta “partir el bacalao”, como dicen en Castilla, a su gusto y gana.


Retomemos, por un momento, lo que el mundo percibirá como una burla a la democracia y la dignidad del pueblo puertorriqueño: la elección de estos “cabilderos de la estadidad”, un grupo de arribistas que libarán del dinero público para disque “hacer cumplir el mandato del pueblo”. Esto, de por sí, habla de la falta de un liderato serio y robusto al interior del Partido Nuevo Progresista y de un grupúsculo de sus electores, quienes son presa fácil de algunos de sus líderes, a quienes parece que el calor no les llega a la cara cuando celebran nada menos que Ricardo Rosselló haya acaparado la mayoría de los votos de esa lastimera consulta para representarlos en un acto extremo de mendicidad, buscando la anexión permanente que los Estados Unidos no quiere dar.


En esta coyuntura vergonzosa, cuando el mismo presidente estadounidense, Joe Biden, pidió con su boca y por escrito la renuncia de Rosselló cuando era gobernador, Pierluisi enfrenta la obligación histórica de sacar la cara por el pueblo para que en este presupuesto general no se menoscaben las pensiones de los retirados, no se impongan más tributos y aumentos en los servicios ni se dejen sin recursos a la Universidad de Puerto Rico y a los municipios.


Pierluisi no puede seguir caminando con Dios y bailando con el diablo, por un lado afirmando que no permitirá aumentos en la luz, los alimentos, la leche, los peajes y los impuestos, lavándose las manos con el agua de la indiferencia y la complicidad, mientras permite que continúen siendo privilegiados inversionistas, bonistas, millonarios que encuentran en la Isla un paraíso fiscal y otras aves de ese mismo plumaje.


Toca a los puertorriqueños y a los líderes serios y comprometidos de este país, unir mentes y voluntades para continuar dando la lucha, enfrentar cualquier intención tóxica para nuestro pueblo y exigir lo que es nuestro a una Junta y un gobierno cuyas prioridades están en otros horizontes.