Cierra otra sesiónlegislativa caótica
- Editorial Semana

- 2 jul
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La tercera sesión ordinaria de la Asamblea Legislativa de Jenniffer González culminó esta semana con un silencio que pesa más que cualquier debate: el silencio de la inacción. Tras meses de controversias, escándalos y pugnas internas, el cuerpo legislativo cerró sus trabajos sin aprobar una nueva ley de permisos, una reforma largamente reclamada por sectores económicos, así como ambientales y comunitarios. Esa ausencia —quizás la más elocuente de todas— resume la tónica de una sesión marcada por la baja productividad y por una desconexión evidente entre la clase gobernante y las necesidades reales del país.
Puerto Rico continúa atrapado en un sistema de permisos lento, opaco y disfuncional, incapaz de promover el desarrollo económico sin sacrificar la protección del medioambiente y el acceso del pueblo a los recursos naturales que les pertenecen a todos. La Cámara tenía ante sí la oportunidad de encaminar una legislación moderna, competitiva y balanceada, pero la dejó caer entre las grietas de la improvisación y el conflicto político. Mientras tanto, el país sigue esperando una estructura que permita crecer sin destruir, avanzar sin excluir y construir sin contaminar.
La sesión legislativa estuvo lejos de ser un espacio de deliberación seria. Fue, más bien, un escenario de crisis constante en la rama ejecutiva, donde la gobernadora y su secretario de la Gobernación protagonizaron controversias que desviaron la atención pública y legislativa. A ello se sumaron las luchas de poder entre la gobernadora y el presidente del Senado, un forcejeo político que paralizó iniciativas, bloqueó acuerdos y convirtió la agenda legislativa en un tablero de guerra partidista. En vez de gobernar, se dedicaron a medir fuerzas.
El resultado fue una Asamblea Legislativa atrapada en la inercia, incapaz de producir legislación sustantiva y marcada por escándalos que erosionaron aún más la confianza del pueblo. Cada controversia, cada señalamiento, cada disputa pública alimentó la percepción de un gobierno ineficaz, desconectado y carente de sintonía con las urgencias de la ciudadanía. La moral del país, ya golpeada por años de crisis, recibió otro impacto. Y la proyección de Puerto Rico ante el Gobierno Federal —en momentos en que se discuten asuntos medulares para la isla— quedó empañada por la imagen de un gobierno que no logra gobernarse a sí mismo.
Cerrar una sesión sin avances significativos, sin reformas estructurales y sin la aprobación de una ley de permisos indispensable no es simplemente un fracaso administrativo: es una señal de alarma democrática. La Asamblea Legislativa de Jenniffer González y Thomas Rivera Schatz le negaron nuevamente a Puerto Rico un gobierno funcional, empático y productivo. En cambio, le dieron una sesión muy consistente en su ritmo, una sesión que terminó como empezó: en crisis, en conflicto y sin resultados. A la ausencia de sustancia le agregaron la estridencia de la politiquería y los escándalos de corrupción.
El autor es representante por Caguas
en la Cámara de Representantes



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