• Editorial Semana

Colapso institucional tiene nombre


Por: Jesús Santa Rodríguez


El colapso institucional de Puerto Rico comenzó en enero de 2017 con la llegada del Partido Nuevo Progresista al poder, que ha pasado a la historia como el proyecto político de la corrupción, la incompetencia y del desmantelamiento institucional de Puerto Rico.


No es casualidad que ese partido haya tenido tres gobernadores en un mismo cuatrienio y el primer y único gobernador de nuestra historia obligado a renunciar por un levantamiento popular histórico, con visibilidad internacional. Los arrestos recientes de varios funcionarios públicos del PNP por parte del FBI son el ejemplo evidente de que ese grupo utiliza la administración pública y los recursos del pueblo para robar y enriquecerse.


Cuatro años después de los huracanes Irma y María el dinero federal asignado para la reconstrucción aún no ha podido utilizarse por los constantes señalamientos de irregularidades y malos manejos de este gobiern0. Aun tenemos toldos azules en miles de techos y un sistema eléctrico que ante cualquier eventualidad del clima, colapsa y deja a miles sin luz. El dinero asignado a Cobra y Whitefish generó grandes ganancias para las empresas, pero no dejaron infraestructura actualizada para los puertorriqueños.


Los temblores en el suroeste revelaron de forma inequívoca cómo los funcionarios del PNP utilizaron almacenes de suministros para su beneficio político electoral, escondiendo artículos y alimentos dirigidos a atender la emergencia para repartirlos a las personas afectadas directamente con el fin de buscar apoyo electoral.


Finalmente, la pandemia del COVID 19 ha representado la evidencia final y contundente que prueba la combinación de incompetencia y corrupción del gobierno estadista local. Ciertamente, estamos ante una realidad histórica que no encuentra referente en los últimos cien años. La decisión del gobierno penepé de cerrar todas las instituciones públicas y privadas, sin un apoyo económico para familias y empresas locales provocó que grandes segmentos del país entendieran que existe una falsa dicotomía entre salud y economía. Luego, esperó por unos fondos federales que, al final, no supo cómo distribuir, manteniendo todavía miles de millones de ayuda congelados porque semejante incompetencia que muchos califican de criminal.


Muchos de los que no estaban generando ingresos tuvieron que esperar semanas y meses por los $1,200 de estímulo económico federal, otra vez, por la incapacidad del gobierno y sus funcionarios. Todavía hay fondos de Asistencia de Desempleo Pandémico, o PUA, que no se han desembolsado y miles de solicitudes de desempleados que no se han procesado.


En fin, los ciudadanos en Puerto Rico estamos sufriendo los estragos de un gobierno que vino a robar todo lo que pudo para enriquecer a los suyos. Nos corresponde a nosotros, como País, determinar si queremos que continúen dirigiendo el destino de Puerto Rico por cuatro años o más, o si vamos a tener un nuevo gobierno para la próxima década. Corresponde al pueblo ponerle fin al gobierno ineficiente y corrupto del PNP.

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