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  • Editorial Semana

Comuna 13: un viaje de mil millas


Por: Lilliam Maldonado Cordero


Recientemente tuve la oportunidad de viajar al hermano país de Colombia, un lugar hermoso y hospitalario que me hizo recordar la ebullición y el optimismo del Puerto Rico de hace algunas décadas, hoy ensombrecido por crisis económicas y sociales importantes.


Una de las comunidades colombianas más emblemáticas que encarna la lucha de la gente por justicia y equidad, y de que es posible echar adelante a los pueblos por encima de las adversidades que engendran la criminalidad, la corrupción y la pobreza, lo es Comuna 13, que se levanta en medio de Medellín, plasmando sus contrastes con valor, carácter y una gran dosis de apoderamiento social. La Comuna 13 está habitada mayormente por personas muy humildes que se han empeñado en enfrentar sus retos, transformar su entorno y sobreponerse a la precariedad


Hablo de contrastes, pues en Medellín se encuentran áreas citadinas y comerciales en las que se erigen altos y modernos edificios en zonas de afluencia económica, parques, funiculares y sistemas de trenes de primer orden, rodeados por comunidades pobres, incluso, algunas marginalizadas económica y socialmente, pero con un gran despliegue de voluntad. Como en todas partes, hay personas sin hogar y, en ocasiones, también hay hurtos. Igual sucede en muchas de las ciudades más adelantadas del mundo


La Comuna 13 fue eje del conflicto armado entre las milicias de guerrillas colombianas y grupos paramilitares. Para el año 2000, estaba considerada como la comunidad más peligrosa del mundo. Grupos paramilitares entraron al lugar para disputarse el control de los territorios y los combates produjeron cientos de muertes. Durante más de diez años, la comunidad fue controlada por milicias de distintos grupos que establecían fronteras de muerte, desplazaban familias, secuestraban hombres, mujeres y niños, y mataban indiscriminadamente a personas inocentes. Los perpetradores de estos delitos eran, en muchas ocasiones, personas muy humildes que por circunstancias extremas y a muy temprana edad, estaban “secuestradas” a merced del miedo a las fuerzas ilegales y poderosas que los controlaban.


Sometida por la violencia, el trasiego de drogas y la corrupción, la Comuna 13 fue finalmente tomada por el gobierno en octubre de 2002. Después de otra crisis que cobró más vidas inocentes, comenzaron los procesos de integración de sus habitantes a manos de la misma gente que lloró la tragedia de la violencia y a sus muertos. Desde dentro de la misma comunidad, conformaron grupos de capacitación sobre la prevención del uso de sustancias psicoactivas, se educó a los niños a rechazar la violencia, se propuso el diálogo como medida de negociación, se implantaron campañas preventivas de seguridad ciudadana participativa y se establecieron alianzas entre las comunidades y la administración municipal.


Más adelante, una propuesta gestada por la misma comunidad mereció la distinción al mejor proyecto social, permitiendo el complejo diseño e instalación de escaleras eléctricas al aire libre, mejorando la movilidad y calidad de vida de sus habitantes, pues la Comuna 13 posee una topografía de gran elevación y accesos difíciles. Esto benefició a más de 20,000 ciudadanos del sector, dando un nuevo significado al lugar con propuestas de graffi-tour, música, venta de artesanías y ofertas gastronómicas a más de 36,000 turistas cada mes, ilustrados por guías residentes de la comunidad.


Aunque aún falta mucho por lograr, la Comuna 13 es testimonio de lo que afirmó el filósofo chino Lao-Tse: “un viaje de mil millas comienza con un primer paso”.

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