Contaminación atmosférica incide en infartos


Por: Editorial Semana, Inc.


La contaminación ambiental puede tener efectos nocivos en la salud cardiovascular. Reducir la contaminación atmosférica puede ayudar a prevenir infartos.


“Se sabe que la contaminación atmosférica duplica el riesgo de padecer una enfermedad cardiovascular frente a las enfermedades broncopulmonares, incluida la EPOC y el asma: la relación es de 3/1”, alerta José Luis Palma, vicepresidente de la Fundación Española del Corazón (FEC).


En concreto, la FEC defiende que la reducción de la contaminación atmosférica se posiciona como una importante medida de prevención del infarto agudo de miocardio, en consonancia con la evidencia científica. “Numerosas publicaciones llevan años concluyendo que una disminución en los niveles de determinados contaminantes reducirían el número de infartos de miocardio hasta en un 5%”, explica el Dr. Jordi Bañeras, cardiólogo y profesor asociado de la Universidad de Barcelona, miembro de la Sociedad Española de Cardiología (SEC) y la FEC.

De hecho, durante la pandemia de la COVID-19 se ha registrado una caída de hospitalizaciones por infarto de miocardio en numerosos países, entre ellos España con un 40 por ciento menos de tratamientos por esta patología. Para el doctor Bañeras, “esa reducción es multifactorial, estando el descenso en los niveles de contaminación claramente detrás de esos datos, junto a otras causas como pueden ser no acudir a las urgencias hospitalarias por miedo a contraer la COVID-19, o posibles cambios en el estilo de vida de la población por el confinamiento”.


La FEC recuerda que la contaminación atmosférica causa 8.8 millones de muertes al año en el mundo, siendo la causa más frecuente de estas muertes la cardiopatía isquémica. En concreto, “determinados contaminantes, como la materia particulada PM2.5 y el dióxido de nitrógeno, generados en parte por la combustión de vehículos, son reconocidos desencadenantes del infarto agudo de miocardio”, asegura Bañeras.


Los expertos sostienen que la polución es particularmente nociva para nuestras arterias. El pequeñísimo tamaño de las partículas suspendidas permite que se cuelen en los vasos sanguíneos, lugar donde se convierten en una importante amenaza. Una vez en las arterias, se adosan a sus paredes -como ocurre con el colesterol y otras grasas– y paulatinamente conducen a las arterosclerosis, dado que engrosan las paredes arteriales y dificultan el riego sanguíneo adecuado, algo que eleva el esfuerzo del corazón por llevar sangre al organismo y puede degenerar en accidentes cardíacos.


Como suele ser desgraciadamente habitual en cuestión cardíaca, los grupos de riesgo de ver especialmente afectado su corazón a causa de la contaminación son ese colectivo de personas con hipertensión, cardiopatías previas, diabetes, colesterol o estrés, así como aquellos con problemas respiratorios. A este grupo se incorporan los ancianos y los deportistas que se ejercitan por zonas con una alta presencia de estas toxinas.


La evidencia científica ha descrito claramente los efectos nocivos de la contaminación atmosférica a nivel cardiovascular: favorece la inflamación, el estrés oxidativo, la disfunción endotelial y produce un efecto protrombótico y vasoconstrictor. Al respecto, Palma ve “necesario tomar medidas urgentes para reducir los niveles de contaminación en beneficio de la salud del medio ambiente y de la población”.