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  • Editorial Semana

Covid-19, pandemonios y violencia estructural


Por: Juan Ilich Hernández


A través de los múltiples vaivenes y cambios sociales que estamos afrontando, tanto por COVID-19 como por crisis cíclicas a nivel fiscal va reflejándose la silente destrucción de las relaciones interpersonales. Aunque el casco urbano cagüeño presente una distinta esencia y pandemonios bajo la situación pandémica, no pasa por desapercibido sus estragos. Dado a esta particularidad emergen un sinnúmero de obstáculos que impiden el pleno goce de vivir en paz. Destaco este hecho, ya que lo que supuestamente se está viviendo es una “aparente resiliencia” como dirían en el argot psicológico.


Este dato suena alarmante, pesimista y hasta incómodo, pero lo traigo a modo de reflexión ya que la coyuntura sociopolítica que nos representa e interpela anda desarrollando nuevas formas de intervención sumamente violentas a raíz del fenómeno pandémico. ¿A que me refiero con nuevas formas de intervención? Al hablar sobre propagaciones epidémicas como ha sido el caso del coronavirus a nivel global a su vez se activan una vasta red de virus ideológicos (Zizek, 2020). Mediante este desarrollo protocolario de “distanciamiento social forzado”, noticias falsas, propaganda político- partidista, teorías de conspiración y desinformación va creándose un estado psicológico de esquizofrenia colectiva inacabable e irreparable.


Los espacios más ilustrativos de este efecto pandemonio son por excelencia las redes sociales como Facebook, WhatsApp, Instagram, TikTok, Tinder, entre otras. A partir de ese intercambio de espacio, las relaciones interpersonales como es el entablar un diálogo en la Plaza Palmer u otro lugar en particular como los FoodCourts de los centros comerciales han ido sustituyéndose por los aparatos electrónicos, justamente como es el caso de los teléfonos inteligentes o tabletas. Esto no significa que antes del fenómeno pandémico haya sobresalido esta situación violentísima que andamos afrontando progresivamente entre el ser humano versus las relaciones sociales, pero con el advenimiento del coronavirus nuestra dinámica cultural totalmente cambio. Las formas de intervención social como ofrecimiento de cheques de estímulo económico, digitalizar todas las plataformas gubernamentales, cursos en línea, Uber-Eats, aplicaciones para aparearse, etc. hicieron obligatorio el reforzar a nivel conductual la práctica del individualismo. Es en ese sentido, que notamos que el comportamiento que hoy adopta la gran mayoría de las personas es uno dudoso, enigmático y a veces hasta paranoico debido a la influencia política que presenta la construcción de la opinión pública.


Frente a este estado de incertidumbre que nos situamos, tanto a nivel local como mundialmente es que puede evidenciarse la notoria paradoja entre el futuro esperanzador/desesperanzador que contiene el aparato gubernamental sobre nosotros. Por esta razón es que el efecto demoledor y sutil de la violencia estructural maquilla sus intencionalidades. Es decir, que cuando hablamos de este fenómeno estamos problematizando y representando las distintas maneras sobre cómo se nos limita el pleno disfrute de la vida ya que la misma atenta contra la supervivencia humana. La violencia estructural ante el Covid-19 ha hecho agudizar el racismo, la cesantía, la deserción escolar, la violencia de género, la exclusión social y la destrucción de las relaciones interpersonales.


Es necesario que cada municipalidad, tanto cagüeña como a nivel internacional atienda su condición sociocultural debido a que el futuro que nos espera más allá de aparentar ser sombrío es uno aterrador. Traigo este dato a modo de autocrítica e introspección, ya que si no abrimos conciencia ante la rampante violencia estructural que vivimos seguiremos sepultando nuestro propio fin …


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