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  • Editorial Semana

Crece la inmoralidad del bipartidismo colonial


Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda


“Cuando fui Senador, mi voto contra la Ley de Municipios Autónomos se fundamentó en que una medida que ha sido endosada unánimemente por los alcaldes del PNP y PPD tiene que ser un inminente peligro para los intereses públicos” (Fernando Martín)”


Tal y como se ha dicho en tantísimas ocasiones: “Se podrá engañar a los pueblos por un día, por semanas, meses y quizá por años, pero no por toda una vida”. Naturalmente, esa contundente verdad ha logrado despertar la conciencia de la abrumadora mayoría del electorado puertorriqueño al punto de haber provocado el colapso electoral del bipartidismo colonial encarnado por la corruptela y el mercantilismo antipatriótico prevaleciente tanto en las huestes anexionistas como en los incondicionales del ELA colonial. Es decir, tanto el Partido Nuevo Progresista como el Partido Popular Democrático luchan hoy por la supremacía no solamente de quién de los dos es más fiel e incondicional a Estados Unidos, sino quien de los dos es menos amoral y corrupto. No conforme con ello, ambos se disputan la contienda del oportunismo antipatriótico, la improductividad económica y la dependencia paralizante que nos asfixia como pueblo antillano, hispanohablante y caribeño.


Y los datos no mienten. Como se sabe, en las pasadas elecciones (noviembre del 2020) ambos partidos coloniales apenas alcanzaron dos terceras partes del apoyo electoral en comparación con sus tradicionales copos electorales de años anteriores. Recuérdese que ambos partidos en conjunto solían acumular más del 90% de los votos emitidos. Sin embargo, hoy gobiernan el país con un raquítico 33% y 32% respectivamente lo que equivale a una reducción de alrededor del 20% de sus respectivos potenciales electorales.


Por supuesto, a nadie debe sorprender semejante colapso. El pueblo pensante se ha dado cuenta del desprestigio institucional que caracteriza al bipartidismo colonial ante el descalabro moral, administrativo y antipatriótico de sus funcionarios públicos. No solamente se han caracterizado por sus discursos engañosos, particularmente en materia de la descolonización de Puerto Rico, sino la mediocridad imperante en asuntos administrativos, negligencia en el cumplimiento del deber, glorificación de la dependencia perniciosa, ausencia de un proyecto de desarrollo económico sustentable, politiquería enajenante, discrimen ideológico, los amigos del alma, la privatización de nuestras playas, costas y el patrimonio nacional y, sobre todo, el insaciable apetito de ambos partidos por el saqueo, los sobornos y la corrupción pública.


Y no lo digo yo, sino los datos más recientes de corrupción y perversidad pública tanto a nivel del gobierno central como en los municipios del país. Los escándalos hablan por sí solos. Entre los barómetros se encuentran Aguas Buenas, Caguas, Cataño, Guayama, Guaynabo, Mayagüez, Trujillo Alto y Salinas, más otras municipalidades y agencias públicas que están bajo la lupa de investigación por las autoridades imperiales que, después de todo, son bien selectivos a la hora de divulgar sus hallazgos.


De modo que, el bipartidismo colonial está inequívocamente comprometido con los grandes intereses del capital estadounidense y con la corruptela antipatriótica en detrimento de nuestro atribulado pueblo puertorriqueño.

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