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  • Editorial Semana

Cuando se derriban las estatuas y sus mitos


Por: César Díaz Pazo


La llegada del rey de España, Felipe VI, a Puerto Rico y el derribo de la estatua de Ponce de León en la Plaza San José en el Viejo San Juan, son los temas del momento, pero una parte de la opinión pública se ha expresado en contra de la destrucción de la estatua, catalogándola como un acto vandálico. El derribo de estatuas no es algo nuevo, por ejemplo, las estatuas de Saddam Hussein y la del general confederado Robert E. Lee, fueron “víctimas” del frenesí de las masas. En el caso de la del General Lee, la misma sería derretida y donada al Centro de Herencia Afroamericana, un acto reinvindicativo que fue aprobado por el propio gobierno estatal de Virginia.


En el periódico El Vocero del día de hoy (25 de enero de 2022), aparece un artículo titulado: La historia detrás de la estatua de Juan Ponce de León que derribaron hoy. Dicho artículo, escrito por la redacción del periódico (editorial), exterioriza antecedentes históricos sobre la llegada a Borikén (Puerto Rico) del conquistador español Ponce de León e indica de que el conquistador murió buscando la fuente de la juventud. Dicha falacia ha sido investigada por académicos que señalan que fue Gonzalo Fernández de Oviedo quien comenzó este mito, muchos años después de la muerte del conquistador, supuestamente buscando un remedio para su “enflaquecimiento de sexo”, es decir Ponce de León sufría de disfunción eréctil(1); pero eso es objeto para otra investigación. El artículo también enfatiza sobre el material con que se forjó la estatua: los cañones dejados por los ingleses durante la invasión inglesa de 1797.


Un dato cuestionable de ese artículo, sobre Juan Ponce de León, menciona que: “A diferencia de otros conquistadores que fueron sanguinarios al extremo como Hernán Cortés en México o Francisco Pizarro en Perú -quienes se enfrentaron a pueblos nativos mucho más feroces y numerosos- Ponce de León encontró una menor resistencia en los taínos.” ¿Será verdad esta aseveración?


También la historiografía nos habla de un tal Juan González, quien era conocido como El Lengua, que por su versatilidad en hablar el idioma indígena y disfrazarse para confundirse con miembros de la tribu, le facilitó enterarse de los planes de Agüeybaná, conocido como “el Bravo”, de asesinar a Sotomayor y el resto de los españoles.


Las historiadoras Blanca G. Silvestrini y María Dolores Luque de Sánchez, señalan que Agüeybaná II convocó un areyto presenciado por Juan González quien procedió inmediatamente a informárselo a Cristóbal de Sotomayor, decidiendo éste último, regresar a la villa para preparar su defensa. Olga Jiménez de Wagenheim indica que el espía Juan González fue testigo de la conspiración para matar a Sotomayor en su hacienda, informándole al otro día del peligro en que se encontraba. Cristóbal de Sotomayor trató de llegar a el asentamiento pidiendo ayuda a Agüeybaná para que algunos de sus hombres le ayudaran a llevar su equipaje y provisiones, sin embargo, Sotomayor fue emboscado resultando muerto y Juan González gravemente herido, cruzó la cordillera llegando a Caparra. Jiménez de Wagenheim sugiere la escapatoria de Juan González como una leyenda. Francisco Scarano indica que el intérprete Juan González penetró las comunidades indias enterándose de la conjura contra los españoles cuando quemaron el pueblo y mataron a casi todos los españoles.


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