Cunde el pánico en el bipartidismo colonial


Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda


“Cuando me tocó declarar, yo le dije al [Sr. Hays] que recogí la bandera a mi paso. Entonces él dijo: “y ¿por qué usted, en peligro de muerte, recogió esa bandera en vez de irse a salvar su vida?” Y yo le contesté: porque mi maestro me enseñó que la bandera de la Patria nunca debe caer al suelo”. Y el me preguntó: y ¿Quién es su maestro? Yo le respondí: Pedro Albizu Campos”. (Dominga de la Cruz Becerril)


Los que sabemos algo de historia sabemos que la mayoría de los pueblos han logrado su independencia política mediante (1) declaración de guerra contra el colonizador (2) acuerdos pacíficos entre las partes (3) por decisión unilateral del colonizador y (4) por medios plebiscitarios. Como se sabe, en el caso de Puerto Rico ninguna de estas alternativas ha logrado la tan necesaria independencia política tras 528 años de colonialismo.


Desde mi punto de vista personal, considero políticamente oportuno y necesario las diversas peticiones de estadidad de parte de los diferentes frentes del anexionismo puertorriqueño, así como el Proyecto de descolonización presentado recientemente por las congresistas boricuas, Nydia Velázquez y Alexandria Ocasio-Cortez. Este último propone una asamblea constitucional de estatus avalada por el Congreso con alternativas descolonizadoras “no territoriales ni coloniales”. A mi juicio, ambos reclamos constituyen inequívocamente un efectivo mecanismo de presión para hacer hablar el “Mudo”, entiéndase el Congreso de Estados Unidos. Puerto Rico no puede darse el lujo de esperar cien años más de colonialismo y como tal, le ha llegado el momento al Congreso de tomar acción sobre el asunto. Ambas propuestas tienen que ser atendidas por el Congreso a la brevedad posible en cumplimiento de su responsabilidad ministerial tras 123 años de dominio político sobre Puerto Rico. Se trata de la colonia más antigua del planeta irónicamente bajo el yugo del supuesto paladín de la democracia mundial. De ahí el pánico del bipartidismo colonial contra el proyecto descolonizador de las congresistas boricuas.


Por un lado, el anexionismo quiere evitar que el colonizador rechace la estadidad de forma definitiva y contundente, lo cual resultaría políticamente catastrófico para ellos. Por su parte, el inmovilismo apoya la propuesta de Nydia y Alexandria sujeto a que se incluya el ELA no territorial ni colonial y que Congreso, a su vez, renuncie a sus poderes plenarios sobre Puerto Rico. El inmovilismo sabe que el ELA “no territorial ni colonial” es una quimera incompatible con la Constitución de EE.UU. Ellos saben que los imperios trabajan para beneficio propio y lo que hoy puedan darte, mañana te lo pueden quitar sin encomendarse a nadie.


Defender el colonialismo decimonónico requiere realmente un alto grado de malabarismo lingüístico y deshonestidad intelectual. Resulta francamente ofensivo escuchar a gobernantes, abogados y académicos insistir en que no somos una colonia dado que el Congreso renunció a sus poderes plenarios al instaurar el ELA en 1952. ¡Tamaña mentira!