De los debates…


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


En Puerto Rico como en otros lugares, parece tradición que en tiempos eleccionarios se celebren debates en los que se invita a los candidatos a escenarios preparados y en un estrecho periodo de tiempo se espera que cada uno exponga ideas, propuestas y posiciones en relación a algún asunto o tema.


Nunca he sido muy partidaria de los mismos, por entender que, en ellos no es necesariamente donde podemos identificar la persona idónea para un puesto tan relevante, complejo, formal y responsable como el de ser el gobernante de un país. Considero que escoger el gobernante es un asunto tan serio, que no me parece poder determinarlo con lo que se diga en unos o dos minutos, sobre todo, cuando por tradición vemos, como dedican mucho tiempo en temas o asuntos que muchas veces están muy en boca en el momento, pero no necesariamente tocan la vida de la mayoría de la gente del pueblo.


Un debate es una discusión de ideas en las que se opina de uno o varios temas, ¿por qué alguien tiene que ganar? Al terminar cada debate es también tradición que los medios y comentaristas planteen que ¿quién ganó el debate? Otro asunto con el que nunca me he alineado, puede que esto este muy estudiado, pero como gente común, pienso que ha sido también tradición identificar como ganadores a aquellos que quizás luzcan más reactivos a sus oponentes, aquellos que como dicen en mi barrio “tienen el pico más suelto”, los de gran fluidez en las palabras, aunque lo que lo que digan es hueco y muchas veces irreal.


Declarar ganador a quien con su porte y modo de expresión luzca mejor, no ha sido la mejor experiencia en Puerto Rico, unos porque han hecho quedar mal a quien en ellos ha confiado su voto y otros porque sólo han servido para impresionar y aparecer cada cuatro años y después del resultado no se sabe más de ellos.


A mi entender, sería mucho más útil sentar a cada candidato en un dialogo sereno y libre de ataques y darle la oportunidad de expresarse y que el pueblo pueda ver su carácter y contenido, más allá de reacciones que muchas veces las provoca el momento.


Puerto Rico es de tamaño pequeño pero complejo de gobernar. Somos peculiares, rodeados de costas cada una muy distinta, cada valle es diferente y las montañas también, el norte y el sur, polos opuestos y del este al oeste grandes diferencias también. Somos puertorriqueños y ciudadanos norteamericanos también, cosa que poca gente puede entender y por eso la envidia y el prejuicio nos persiguen, cuando como extranjeros nos ven. Mucho de eso dice la historia, pero somos lo que somos, aunque no lo puedan entender.


El mes de octubre ha llegado y las calabazas también, me pregunto si con la pandemia a “tricotear” los que lo celebran podrán salir esta vez. Lo que si será importante es, que con pandemia o sin ella, afinemos el oído y más allá de un tradicional o con nuevo formato debate, sepamos diferenciar. Tres días después de halloween, debemos quitar los disfraces de esqueletos o brujas, de angelitos o “superman”, de “wonder woman” o “star wars” y como ciudadanos responsables debemos salir a votar, asegurándonos de haber mirado más allá, de lo que los debates nos presentan de forma casi fugaz. Reflexión y responsabilidad y cuidado con a quien queremos castigar pues ya hemos visto que, al hacerlo, los castigados hemos sido nosotros mismos, el pueblo. Más ahora que siempre, la historia nos exige, que está prohibido olvidar.