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  • Foto del escritorEditorial Semana

De primos, parientes y dolientes


Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda


“Los pueblos que eligen corruptos no son víctimas, son cómplices” (Proverbio chino)


Hay un adagio que dice, y cito: “No hay peor ciego que el que no quiera ver” como también “no hay peor astilla que la del mismo árbol”. Resulta francamente patético, por no decir vergonzoso, el grado de sumisión, servilismo y degradación al que está dispuesto a someterse el anexionismo puertorriqueño ante las autoridades federales con tal de mantener viva su mentira histórica de la estadidad federada. Todo parece indicar que la historia los ha condenado a vivir arrodillados ante el implacable invasor y, como tal, haber perdido su capacidad de indignarse y sonrojarse ante el rechazo, desprecio y desidia de sus amos del norte contra el pueblo de Puerto Rico desde 1898. De modo que, parecen tener razón los que sostienen que tal comportamiento obedece esencialmente al oportunismo, avaricia, dependencia y su cultura de corrupción que permea en la psiquis de la abrumadora mayoría de sus jerarcas políticos.


Y no lo digo yo, sino sus propios verdugos a través de sus agencias represivas encarnadas principalmente por el ‘Buró Federal de Investigaciones’, conocida igualmente como el FBI. Recuérdese que, mientras Pedro Albizu Campos bautizó a estos agentes como “los perros sabuesos del imperialismo yanqui”, el anexionismo antipatriota prefirió servir de alfombra rindiéndole reverencias, adulaciones y pleitesías para evitar la ira del implacable anglosajón. Sin embargo, esos mismos agentes no le quitan el guante de la cara al anexionismo boricua no solamente por su historial de corrupción, sino cada vez que reclaman la estadidad federada.


Francamente, “con amigos como el FBI no se necesitan enemigos”. Y es que el anexionismo colonial nunca ha podido desprenderse, y mucho menos superar, su propia naturaleza cleptómana. No conforme con su historial de acusaciones y condenas federales impuestas a influyentes legisladores, alcaldes y funcionarios gubernamentales, incluyendo dos secretarios de educación y la ex gobernadora, Wanda Vázquez Garced, ahora surge otro escándalo de dimensiones federales que salpica la imagen y credibilidad del propio gobernador, Pedro Pierluisi.


Es decir, el anexionismo antipatriótico nunca ha logrado entender que su compulsiva cultura de corrupción e inmoralidad pública, característica que los ha perseguido desde su fundación en 1968, representa un vergonzoso desprestigio para nuestra imagen nacional ante los países de nuestro hemisferio. Esa es la razón por la cual el siniestro expresidente, Donald Trump, nos pusiera en sindicatura para custodiar los fondos federales al catalogar al gobierno de Puerto Rico como un nido de corrupción. Barak Obama hizo lo propio cuando nos impuso, en junio de 2016, la antidemocrática y colonial Junta de Control Fiscal para cobrar la deuda pública de $72 Billones para beneplácito de los buitres de Wall Street. Súmele a ello la desconfianza de FEMA para el desembolso de fondos para la reconstrucción de Puerto Rico tras los huracanes y terremotos del pasado lustro.


De manera que, el desprestigio ideológico, político y moral del bipartidismo colonial los tiene gobernando con el menor apoyo electoral de todos los tiempos.

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