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  • Foto del escritorEditorial Semana

Dejarlos crecer


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


En los últimos veinte a veinticinco años ha habido un significativo cambio en las oportunidades o espacios para ubicarse en el mundo laboral, muchas de las tradicionales carreras hacia las que las pasadas generaciones nos encaminábamos se han sobrepoblado o ya no son tan necesarias pues la tecnología, la globalización, los cambios sociales y demográficos las han impactado a unas y otras han evolucionado de tal modo que se han convertido en otra cosa.


De igual modo ha sucedido con la educación. Para ser pertinentes a los tiempos y a lo que los estudiantes necesitan para insertarse exitosamente en el mundo laboral, las escuelas y universidades deben irse atemperando a estos nuevos retos e insertar no sólo contenido sino experiencias que le den la oportunidad al estudiante de entender y aprender a través de las mismas lo que el mundo del trabajo requerirá de ellos para tener éxito y ser felices, que es lo que en última instancia debemos todos buscar para ellos.


Si pensamos un poco en años atrás, nos daremos cuenta de que las escuelas y universidades se enfocaron en llenar de contenido a los estudiantes, pues se enfocaban en profesiones tradicionales las cuales requerían de aprenderse muchas cosas que estaban en los libros, el contenido era lo más importante. Eso fue bueno y respondía a los tiempos en que así fue necesario, pero el cambio social, económico y mundialista que ha surgido requiere de otras herramientas.


Se necesita más de hombres y mujeres con habilidades sociales, destrezas de comunicación, dominio de herramientas tecnológicas y habilidad para analizar e interpretar asuntos de interés personal y general y que provoquen cambio o transformación. Promover en ello la solidaridad, afianzar la identidad personal, social y comunitaria, el desarrollo del compromiso con causas y propósitos y sobre todo, ayudarles a identificar sus destrezas y habilidades y fortalecerlas, es lo que padres y educadores debemos hacer.


Sin duda no hay un libro para ser padres y en el proceso de cumplir con esa misión debemos tener el cuidado de permitirles ser ellos y no de tratar de realizar nuestros sueños personales a través de nuestros hijos. Ahora más que nunca antes, necesitamos de confiar y respaldar a los recursos que sus estudios están dirigidos a la educación, los maestros. Más que nunca antes los padres estamos llamados a observar en los hijos sus talentos y darles todas las experiencias necesarias, que van más allá de prepararlos para que saquen una nota de A. Reconozcamos que hace tiempo, que la A dejó de representar ser garantía de éxito personal y profesional. Promovamos aquello que los prepara para el mundo que les espera y no, el que no tocó a nosotros atender. Respondamos al llamado de los tiempos que es dejarlos crecer y acompañarlos en el proceso, permitiéndoles vivir sus etapas y así formar hombres y mujeres felices, que aporten y agradezcan todo lo que por ellos pudimos hacer.

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