• Editorial Semana

Del casco urbano al “branding” comercial


Por: Juan Ilich Hernández


Desde hace mucho la vida interactiva en el casco urbano cagüeño al igual que a nivel isla se ha ido desvaneciendo. Estos acontecimientos no meramente han sido producto del Covid- 19 sino también de las transformaciones de la vida cotidiana. Tal hecho social e histórico vino a ser forjado gracias a la instalación de los centros comerciales, megatiendas como Walmart, muerte del transporte público, distanciamiento social “forzado”, cultura motorizada, entre otros.


¿Ahora bien, que impacto significativo se ha producido con este supuesto plan maestro del desarrollar un nuevo emprendimiento comercial en el pueblo de Caguas? Este impacto transformativo implicó tener que resignificar la vida psicológica, social, cultural y geográfica dentro de los espacios del mall e incluso facilidades que proveen las megatiendas para el esparcimiento. La resignificación o reinvención de la vida relacional ha sido tan drástica, ultrarrápida y agresiva que la forma en cómo se interactuaba e incluso encontraban las personas en la Plaza Palmer se sustituyó por el “Foodcourt” o nuevos lugares con “cibercafé”.

Esta situación en específica también ha sido perjudicial para todas las plazas del mercado del país cuyas ventas y tasas participativas bajaron notoriamente dado a la construcción de megatiendas como Costco o Sams cercano a áreas aledañas del perímetro comercial de pequeños comerciantes. El enganche atractivo de estas facilidades (megatiendas y centros comerciales) descansa en el espacio amplio para estacionarse, aire acondicionado, áreas para recrearse, internet wifi, y tiendas de todo tipo, entre otros. A través de estos elementos, vemos cómo lo nuevo en la avenida se torna hoy en el orden social y cultural, hecho que hace desplazar hacia las afueras las verdaderas raíces interactivas de lo histórico que caracteriza a un pueblo.


Mediante estos múltiples cambios ya previamente planificados y diseñados es que podemos ir observando y dando pie de cómo los grandes intereses económicos- políticos van condicionando el comportamiento de las personas a la luz de lo que es comodidad, moda y diversión. Es de este modo que la vida cotidiana de las personas que han desarrollado y hecho sus comercios dentro cascos urbanos han tenido que repensarse para combatir estas violentísimas transformaciones y mantener vivo ese capital social.


Por tal razón, es que la conducta humana siempre estará confrontando constantes contratiempos, ya que son las mismas circunstancias socioeconómicas las que influencian la naturaleza humana (Marx, 1848). Así que, la psiquis social siempre está atravesando todo tipo de altibajos (factores políticos, culturales, etc.) de forma directa e indirecta. Es en ese sentido, que el interaccionismo psico-emocional puede medirse por medio de las intensidades o flujos sociales y culturales que se dan entre las personas en los espacios de mayor impacto económico. ¿Cómo se puede dar fe de esto? Cuando usted pisa un centro comercial o megatienda en particular como es el ir a Sams o Costco en Caguas Centro puede identificarse a simple vista el nivel de intensidad y de consumo con el que imparablemente operan estas hoy más aun cuando se acercan las quincenas de cobro u otras festividades.


Frente a este traspaso de la vida de los cascos urbanos al branding (reinvención) comercial de las megatiendas tenemos la necesidad de seguir apostando por la reconstrucción de un capital comunitario sostenible. De esta manera no solo mantenemos corriendo el capital local autosuficientemente sino también velamos por el capital social e histórico de los pueblos continúe promoviéndose.