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  • Foto del escritorEditorial Semana

Del mito a la respuesta histórica


Por: Juan Ilich Hernández


A través del ejercicio filosófico del estar haciéndonos constantemente un replanteamiento o cuestionamiento sobre las cosas y su origen, se pone en evidencia la interminable búsqueda de lo histórico y social del eterno retorno como bien nos presenta el pensador alemán Federico Nietzsche. Es bajo este enfoque que la vida social y cultural humana ha ido transitando desde los tiempos prehistóricos, ya que cada país, distrito, municipalidad y latitud en el mundo remiten a mitos y creencias particulares para dar explicación de lo acontecido. Además, es gracias a este señalamiento que puede ilustrarse cómo la “realidad” social de ese contexto va cambiando ya que siempre andamos entre el paso del mito a la razón.


Ante la respuesta del mito, la herramienta o técnica que nos ayudará llegar a la autoconciencia es la huella histórica. Mediante este transcurso, debe haber siempre un enorme reconocimiento a las narrativas, leyendas, cuentos, y toda esa semiótica cultural (estudio de la comunicación de los signos) que cargan los mitos desde la época clásica. Se hace pertinente subrayar este hecho y fenómeno sociohistórico porque es a través del mito que la huella histórica del arte, la religión, el lenguaje, entre otros, esta logra alcanzar su inmortalidad. Como respuesta de esta mixtura de prácticas sociales y aspectos éticos- morales antes mencionados, en términos generales podemos afirmar que descansan en la misma mitología griega. Esta ha sido el gran influente para hacer posible la construcción de una identidad social y capital cultural sobre cada contexto social, dado a que cada sociedad y grupo lleva en su esencia sus propios entendidos e idiosincrasias.


Rescatar el mito de cada sociedad a la que nos vayamos a insertar, es hacer posible una ontología (estudio del ser) del ser social contemporáneo y de la reconstrucción histórica de los pueblos. Dado a este hecho, nos vamos adentrando cada vez más a nuestras raíces, factor clave que nos permite ser más conocedores de nuestra humanidad y de la misma filosofía. Así que, analizando en su justa perspectiva a la historia versus el mito, puede afirmarse que en el corazón del mismo hay una mayor riqueza e incluso bagaje sociocultural que en el dato escueto que se sirve de la metodología científica. Por tal motivo, es que al plantearnos el problema del paso del mito a la huella histórica resulta indispensable el volverse hacerse la pregunta por el origen y explicación de las cosas.


La creación de la ciencia como razón explicable ante las cosas solamente explora un único objetivo y es el contestar la básica pregunta del ¿Por qué?, mientras que el mito carga en su matriz la finalidad de contestar la pregunta por el ¿Cómo? Por medio de esta idea es que siempre el arte al igual que la filosofía que todo lo exceden, siempre romperán con la mirada tradicionalista y científica que intenta hacer la historia acerca de las cosas que se les escapa al ojo común. Es decir, que si analizamos en su totalidad cada uno de estos señalamientos observamos, que el basarnos desde el foco empírico solo estaremos deduciendo y llegando a conclusiones generalizadas.


En fin, la diferenciación que pudiera existir entre el mito al logos (razón) a nivel general, es más bien dirigida al arte de la formulación de preguntas. Evidentemente, queda en manos de nosotros el volver a retomar nuestras raíces, tanto históricas como culturales para lograr transformar la vida psíquica y social del colonizado.


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