• Editorial Semana

Demos gracias desde la prudencia


Por: Jesús Santa Rodríguez


Temprano este año la humanidad encaró la sombra de una pandemia mundial que parece interminable y mantiene a todos entre el encierro y la incertidumbre.


Mientras muchas naciones han podido manejar -con sus altas y bajas, para los estadounidenses el Covid-19 ha representado un saldo, hasta ahora, de sobre 12 millones de contagios y 260,000 muertes solo en Estados Unidos, país que ha acumulado también la mayor cantidad de enfermos y decesos por esa enfermedad en todo el mundo.


Para mejor representar esta tragedia, ese país ya acumula unos 140,000 positivos diarios y ha sobrepasado los dos mil muertos por día. La causa eficiente del descontrol en los contagios y muertes ha sido por el modelaje criminal por parte del presidente saliente, Donald Trump, quien ha desalentando el uso de mascarillas y el distanciamiento físico y social, medidas que se sabe disminuyen los contagios y, de haberse implantado con tiempo como política pública, habría salvado más de 150,000 vidas a esta fecha.


En Puerto Rico, el gobierno del Partido Nuevo Progresista copió el ejemplo atroz del presidente. En lugar de seguir las directrices de los peritos en el manejo de enfermedades infecciosas y epidemias, se dejó llevar por “corazonadas”, implantando planes deficientes para el control de contagios y errando al no establecer medidas más estrictas que obligaran el uso de mascarillas y penalizaran el incumplimiento de las órdenes dirigidas al distanciamiento físico en lugares públicos.


Para finales de esta semana, Puerto Rico habrá pasado el umbral de las mil cien muertes, para llevarnos a rebasar, a finales de año, la sombría cifra de mil quinientos decesos por este virus. Esto, en términos estadísticos, significa que para esta semana ya nuestra isla habrá alcanzado las 330 muertes por cada millón de habitantes, lo que nos colocará en la posición número 40 en cifra de muertes en comparación con los 200 otros países del mundo. Este dato es escalofriante, considerando que nuestra isla ha sufrido la trágica disminución de su población a consecuencia de los fallecimientos y el éxodo de puertorriqueños tras los huracanes y los terremotos, situación que acarreará efectos significativos para nuestras familias y el futuro de nuestro país.


No debemos ver estas estadísticas como una guía del éxito o fracaso obtenido en el manejo de la crisis. En efecto, volviendo solamente al ejemplo de los Estados Unidos y el Covid-19, según el Instituto de Métricas y Evaluación Médica de la Universidad de Washington, de haberse implantado el uso de mascarillas como medida de salud pública desde septiembre, proyectando a febrero de 2021 se podrían salvar unas 120,000 vidas. Queda en la voluntad del actual presidente, durante el último mes de mandato, y del presidente electo Joe Biden, cumplir las recomendaciones de los científicos y lograr reducir el número de muertes estimado para principios de 2021, de 500,000 a 380,000. De igual manera, el gobierno electo de Puerto Rico está obligado a implantar medidas de política pública informadas y estrictas, con planes educativos y de apoyo para las comunidades, de manera que evitemos que la curva del Covid-19 continúe aumentando.


Asimismo, la ciudadanía viene obligada a ser racional y responsable. Igual que nos escandalizamos por los disparos entre bandos en varios puntos de la Isla, y condenamos estas actuaciones exigiendo respuesta de las autoridades, de la misma manera estamos obligados a desaprobar la aglomeración de personas en áreas cerradas, las fiestas y el compartir en grupos que no sean del mismo núcleo familiar.


En estas fiestas que se avecinan, toca al gobierno implantar normas más efectivas para atajar el aumento en las transmisiones del Covid-19. A los ciudadanos también nos toca ser prudentes si queremos celebrar con nuestros seres amados y amigos los años que nos restan por vivir.