• Editorial Semana

Demos gracias por todo y a todos


Por: Jesús Santa Rodríguez


Nuevamente nos encontramos en la víspera de las Navidades más largas del mundo: las puertorriqueñas. Para casi todas nuestras familias, el inicio de estas fiestas tan esperadas arranca con la celebración del día de Acción de Gracias, un festivo que hemos adoptado de Estados Unidos, pero que hemos ajustado a nuestro estilo criollo.


En primer lugar, es importante conocer que el origen de esta fiesta, que se remonta a 1621 con la llegada de los peregrinos que huyeron de Inglaterra a tierras de Norteamérica, plantea una serie de cuestionamientos morales, pues es un mito que los primeros colonizadores de los Estados Unidos tuvieran una relación armoniosa con los indios que habían habitado esas tierras por siglos, y que fueron desposeídos y asesinados durante el proceso de colonización. Finalmente, varios años después de esa primera celebración, se presentó un acuerdo ante el congreso para celebrar un día nacional de Acción de Gracias, instando a los ciudadanos agradecer a Dios por su protección y la conclusión de los conflictos que lograron consolidarlos como nación.


A raíz de la relación política entre Puerto Rico y los Estados Unidos, hemos adoptado este día como parte de nuestras celebraciones. Durante toda la semana, se realizan innumerables actividades religiosas en las que se integran las diferentes sectas del cristianismo, con espíritu ecuménico, para agradecer a Dios por sus bendiciones.


Siempre es importante agradecer, desde la fe y conciencia de cada cual, aquellos favores que disfrutamos y que nos hacen sentir bendecidos: la familia, la salud o la fortaleza para enfrentar la enfermedad junto a los seres queridos, y poder contar con los medios para gozar de una vida en armonía y paz.


Sin embargo, también es una oportunidad para que aprovechemos este espacio y ejercitemos el “músculo” del agradecimiento hacia aquellos que suman en nuestras vidas amor, esperanza, y sostenimiento en el momento en que enfrentamos la enfermedad o la pérdida, la carencia, el miedo y la necesidad. No solo debemos dar gracias por ellos, sino darles gracias a ellos por estar ahí: a nuestra familia inmediata por la paciencia, el apoyo y respaldo, haciéndonos la vida más llevadera; a los compañeros de trabajo que complementan nuestra cotidianidad y la transforman en una aventura de fraternidad y familiaridad extendida; a los vecinos y amigos que tenemos cerca y que son fuente de apoyo constante, así como a los que vemos de forma ocasional, pero sabemos que podemos contar con ellos de forma incondicional en el momento que sea necesario.


En fin, el día de Acción de Gracias, transformémoslo en agradecimiento a Dios y también a aquellos que dan propósito a nuestras vidas. Después de todo, el prójimo es la expresión misma de Dios, manifestándose físicamente a través del acompañamiento que tanto necesitamos en los momentos de dolor: aquel a quien tenemos que amar como a nosotros mismos.


Feliz Día de Acción de Gracias y comienzo de la Navidad puertorriqueña junto a los seres queridos.