Dependencia y dominación


Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda


“Sin la independencia se vive y se muere en la esclavitud de la dependencia” (Rafael Cancel Miranda)


Como país imperial, Estados Unidos siempre ha obrado para beneficio propio y como tal, todas sus acciones han sido frívolamente calculadas por sus agentes de inteligencia para mantener control y dominio absoluto de sus colonias. Y por supuesto, Puerto Rico es un ejemplo vivo del proceso de subyugación, manipulación y explotación sistemática impuesta por Estados Unidos desde que implantó bandera en 1898. Para dramatizar esa infamia, basta recordar al flamante, Charles H. Allen, primer gobernador civil de Puerto Rico designado desde Washington tras la Ley Foraker de 1900. Este sujeto renunció a su puesto de gobernador apenas unas semanas después de su nombramiento al percatarse de que el cultivo cañero y otros productos agrícolas le resultaba más lucrativo que la jefatura de Puerto Rico. Se asegura que cuadriplicó su riqueza personal a través de sus inversiones y la mano de obra barata. Y como el cinismo es infinito, la antigua base militar Fort Allen en Juana Díaz, lleva ßsu nombre.


Desde entonces, miles de usureros estadounidenses monopolizaron nuestros mejores terrenos a precio de carne abombada para producción y exportación de azúcar, tabaco y café, y con el tiempo se convirtieron en fábricas, farmacéuticas, petroquímicas, centros comerciales, megatiendas, urbanizaciones y condominios de vivienda para enriquecimiento del capital extranjero. De ahí que más del 75% de nuestros terrenos cultivables hayan sido cubiertos de cemento y asfalto obligándonos a comprar el 85% de los productos de uso y consumo a los empresarios estadounidenses.


Desde luego, el grueso de la riqueza producida en Puerto Rico no solamente le pertenece al capital estadounidense, sino que los recaudos diarios son depositados en sus propios bancos. No conforme con ello, cada vez que se asignan fondos federales y de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA) para la reconstrucción del país por causas naturales, la metrópolis se asegura de enviar sus propios contratistas y sus respectivas brigadas de trabajadores para que el grueso del dinero asignado regrese a la economía estadounidense. Ejemplo de ello es la imposición de la empresa LUMA para la administración de la Autoridad de Energía Eléctrica.


Conviene saber igualmente que, por cada dólar recibido en ayudas federales, las empresas estadounidenses establecidas en Puerto Rico producen alrededor de $9.00 de ganancias para ser depositados diariamente en Estados Unidos. Sencillamente, fuimos convertidos en un Paraísos Fiscal. Recuérdese igualmente, que FEMA se nutre del pago de hipotecas de vivienda y como tal sus ayudas económicas, más allá de regalías, son derechos adquiridos como lo son el seguro social, las pensiones y el derecho a desempleo.


De ahí que el anexionismo antipatriótico, cónsono con su prédica “la estadidad es para los pobres”, continúe rindiéndole culto a la dependencia perniciosa por aquello de que, a mayor pobreza, mayor el clamor por la presencia y dominio estadounidense.