Don Ricardo Alegría en Cayey y Caguas


Por: Aida Mendoza Rivera


Hay personas que pasan por la historia dejando huellas por donde quiera que pasan. Ese fue el quehacer de Don Ricardo Alegría crear, actuar y dejar huellas por dondequier. En este año se está celebrando su centenario. La insigne figura de Don Ricardo Alegría está considerada como el padre de la cultura puertorriqueña por su gran trabajo en favor de nuestra cultura.


Al estudiar en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe tuve la oportunidad de conocerlo personalmente y tuve la dicha de estar presente en su último cumpleaños en el Centro de Estudios Avanzados. Después de diez años de su fallecimiento me pregunte, cuál será la relación de Don Ricardo Alegría con Caguas y con Cayey de primera no obtenía ninguna respuesta a mi cuestionamiento.


En la investigación he ido encontrada respuesta a mi cuestionamiento. Encontré que dos grandes escritores de Cayey y de Caguas que fueron galardonados con las medallas de oro del Instituto de Cultura de Puerto Rico las cuales fueron entregabas personalmente por Don Ricardo. Estos escritores fueron: Miguel Meléndez Muñoz y Concha Meléndez.


Para el 1960 al cumplir cinco años el Instituto de Cultura Puertorriqueña se creó la medalla de oro de la institución, la misma era entregada a puertorriqueños que laboraban en las diferentes manifestaciones de nuestra cultura mediante estudio o creación. Entre los primeros que obtuvieron la medalla estuvieron: Agusto Malaret, Miguel Meléndez Muñoz, Miguel Pou y Jesús Figueroa.


Al transcurrir un lustro se le otorgó la Medalla a otro grupo de puertorriqueños: el historiador Rafael W. Ramírez (1884-1974), el arqueólogo Adolfo de Hostos (1887-1982), la ensayista y crítica literaria Concha Meléndez (1895-1983), el poeta Evaristo Ribera Chevremont (1890-1976) y el compositor Rafael Hernández (1892-1965).


Meléndez Muñoz fue hombre de una gran actividad social y cultural, estuvo presente en todo acto literario. En su obra mezcla la lengua jíbara con la culta. Parte de la lengua del jíbaro para hacer su interpretación sociológica en muchas ocasiones. En su obra la tierra adquiere casi una caracterización humana, logra fundir tierra, hombre y costumbre. La narrativa de Meléndez Muñoz es de seriedad, de adentrarse en el temperamento de la gente campesina.

Crea literatura comprometida con su noble afán de ahondar en la conciencia territorialista de su patria. Su obra contiene el vivir dramático del campesino de tierra adentro, con sus virtudes, sus vicios, sus supersticiones, su conuco, su vaca, su perro, su potro, su trago de ron caña, su gallo y su mujer.


Por otro lado, Concha Meléndez fue la primera mujer en ser miembro de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española, además de formar parte de numerosas academias de las lenguas y literatura. En 1979 fue seleccionada como Conferenciante-Humanista del Año por la Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, entre muchas distinciones y premios que recibió. Entre sus poesías más sobresalientes se encuentran: A José de Diego, Lo saben las Montañas, Post-Umbra, y la Canción del Bambú.


Ambos tenían varios puntos en común. Primero, ambos eran lectores voraces. Segundo, emanaba en ellos un liderato innato. Tercero, se sentían ambos orgullosos de ser puertorriqueños y luchaban por el mundo de las letras.


Los dos escritores, uno cayeyano y otro cagüeño fueron autores boricuas de una talla difícil de igualar.