• Editorial Semana

Dos ojos, dos oídos y una boca


Por: Myrna L. Carrión Parrilla


La Naturaleza cada día más nos muestra su poder y su perfección. La Naturaleza nos rodea y nos cuida, sin embargo, los seres humanos no estamos cuidándola como merece y provocamos que nuestro planeta cada vez sea más inhabitable. Las acciones de nosotros los seres humanos en el afán por el llamado desarrollo, nos han dejado como consecuencia un impacto adverso que sólo a nosotros mismos nos hace daño. No reconocernos como parte de la Naturaleza y su perfección, es aún peor.


El impacto en la canalización de ríos, la basura en lagos, la construcción y basura en las riberas de los ríos, el corte de árboles en valles y montañas, entre otros, han afectado seriamente nuestros suelos y como consecuencia toda la infraestructura verde de pueblos y ciudades afectada, dañando el balance que la Naturaleza nos regala para nuestro bienestar. Más recientemente vemos como se inundan repentina y significativamente áreas, situaciones nunca antes vistas.


Los sistemas de bombeo y recogidos de aguas parecen inoperantes y hasta los canales de los ríos parecen no ser suficientes. Buscar a quien echar la culpa es lo más rápido y fácil, pero hace tiempo se nos advierte de que somos nosotros mismos los seres humanos, quienes con nuestros actos hemos sido responsables de lo que estamos viviendo.


La perfección de la Naturaleza es tal, que disfrutamos frutos según la temporada del año y todo lo necesario para nuestra alimentación, de igual modo, al ser humano como parte de esa gran obra de la Naturaleza, como dice el himno “se nos dio el mando sobre las obras de sus manos y todo se sometió a nuestros pies”. Es al ser humano, a quien se nos dio el liderato de esa obra. Contamos un balance perfecto que, si lo entendemos y bien utilizamos, nuestras vidas y el mundo entero sería mucho mejor.


Los seres humanos somos parte de esa obra perfecta de la Naturaleza. Como parte de ella, debemos valorarnos y estar en constante cuidado y valorización de nuestro propio ser y el de los demás. Se nos dieron dos pies, para estar sobre ellos y sostener nuestro cuerpo, movernos de un lado a otro y evitar caernos, pero de así pasar, que sea mayor la posibilidad de volver a estar en pie.


Se nos dieron dos manos para con ellas tener las herramientas básicas para trabajar, alcanzar, sostenernos y contar con el tacto y la expresión afectiva que se transmite a través de un apretón de manos y un abrazo. En el centro del cuerpo se colocó nuestro sistema digestivo, como centro control de nuestro bienestar general. De ahí, tan importante tener una alimentación adecuada y sana. Como dirección del cuerpo, la cabeza, donde se ubica nuestro cerebro central y en ella, una cara en la que nos colocaron una nariz, dos ojos, dos oídos y una boca. Todo parte de una obra maestra.


Una nariz en el centro de la cara, señal de la importancia del aire que respiramos. Dos ojos no sólo para ver, para observar y tener la capacidad de tener visión. Dos oídos no solo para captar sonidos, sino para escuchar que es mucho más que oír. Y una boca, para alimentarnos y comunicarnos.


Esto que puede parecer tan trivial, hoy día es más que necesario repasar. La Naturaleza nos ha dado lo necesario para atender todo reto que nos presente la historia, cuidar nuestro entorno y de nosotros es nuestro deber. En tiempos de crisis es cuando más debemos echar mano de lo que como decimos por ahí, “Natura nos dio”. Ante tantas situaciones que enfrentamos, no desesperar y sí, observar, escuchar y hablar lo necesario, para que nuestras acciones construyan y no nos destruyan.