• Editorial Semana

Educar es nuestra mayor responsabilidad

Por: Dra. Carmen Zoraida Claudio


La educación puertorriqueña sufrió un duro golpe recientemente cuando los medios dieron a conocer sobre el fraude al programa PUA llevado a cabo por un grupo de estudiantes. Se recrudeció esta noticia con el contraste de las filas del desempleo y la desesperación de quienes rogaban porque se resolviera el “punto controvertible”.


Este acometimiento debe servir como reflexión profunda sobre, no sólo lo que ha ocurrido, sino sobre qué hacer para que no vuelva a suceder un evento tan desgraciado.


Como presidenta de un colegio y educadora de vocación, comparto la vergüenza que ahora padecen los directivos de varias instituciones educativas. Sin embargo, estoy convencida de que lo ocurrido contraviene desde lo más profundo el perfil del ciudadano que todos los educadores tratamos de formar.


La educación es responsabilidad de todos. La escuela es solo una de las tantas instituciones que abonan a esa formación. Es bien simplista y equivocado afirmar que “no nos pasará”. Y es más simplista aún, el no reconocer que la responsabilidad de su desarrollo le corresponde a cada individuo.


Según Hostos: “Para que el hombre fuera hombre, digno de realizar los fines de su vida, la naturaleza le dio conciencia de ella, capacidad de conocer… su deber y su derecho, su libertad y su responsabilidad, capacidad de querer y realizar lo que quisiera, capacidad de perfeccionarse y de mejorar por sí mismo las condiciones de su ser…”.


¿Qué nos pasa como sociedad puertorriqueña? Continuamente distintos individuos trastocan los valores que nos han distinguido. Legisladores, empresarios, educadores, y ahora hasta jóvenes desde 14 años de edad y menos, se encargan de promocionar el lado oscuro de nuestro Puerto Rico. Sin embargo, tenemos que hacer un frente común para revertir este comportamiento que no es representativo de nuestra sociedad.


En los próximos días comienza una nueva escuela, ya no somos los mismos. Pasaremos a la historia como las generaciones que pudieron experimentar catástrofes impensables.


Los padres y las escuelas debemos emprender la educación y la formación del ser humano con el que nos comprometemos. Es requerido que atendamos su salud social y emocional y de integrarles a una nueva forma de aprender y de educar.


¡Vamos Puerto Rico! El tiempo se nos puede agotar.