• Editorial Semana

El único muro de contención


Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda


Hay quienes dicen que predicar la independencia política en un País como Puerto Rico, sometido a los más burdos e infames patrones de dependencia, miedo y subyugación política por los pasados cinco siglos, es equivalente a predicar el vegetarismo en Argentina donde se producen los mejores cortes de carne del mundo contemporáneo. Como se sabe, los puertorriqueños han sido vilmente manipulados y privados de su propia libertad política por los traficantes de la usurpación y la explotación económica a cambio de oportunismos antipatrióticos. Sin embargo, a pesar de la opresión sistemática y el adoctrinamiento colonial, Puerto Rico ha logrado prevalecer como pueblo antillano y latinoamericano gracias a la lucha independentista desde principios del siglo 19 cuando se desató en San Germán la primera revuelta contra el colonialismo español.


Posteriormente le correspondería a Ramón Emeterio Betances, Padre de la Patria Puertorriqueña, defender el honor, dignidad y la identidad nacional mediante el Grito de Lares de 1868. La insurrección de Lares significó el sentido de puertorriqueñidad tan arraigado en el espíritu y alma de todos los puertorriqueños. De hecho, aún los sectores dispuestos al suicidio colectivo mediante la anexión a EEUU (culminación del colonialismo según Albizu), no pueden ocultar su puertorriqueñidad ante la agresión cultural del implacable colonizador. Recuérdese igualmente que en 1897 surgió la ultima sublevación patriótica contra el régimen español denominada “Intentona de Yauco”. Fue entonces cuando el patriota, José Maldonado (águila Blanca) logró desplegar, por primera vez en suelo puertorriqueño, la actual bandera de Puerto Rico diseñada y adoptada por la Sección de Puerto Rico del Partido Revolucionario Cubano en la ciudad de Nueva York en 1895.


Desde luego, nadie puede negar la heroicidad y grandeza patriótica de Pedro Albizu Campos y su Partido Nacionalista Puertorriqueño al enfrentar al represivo régimen colonial de EEUU a partir de la década de 1930. Todo comenzó con la huelga de los cañaverales (1934), la Masacre de Río Piedras (1935), la Masacre de Ponce (1937), la Revolución de Jayuya y el ataque a Casa Blair (1950) y el ataque al Congreso en 1954 bajo el valiente liderato de Lolita Lebrón. Aunque Albizu y sus compañeros de lucha fueron encarcelados, torturados y asesinados por defender el derecho inalienable de los puertorriqueños a su independencia política no es menos cierto que la historia les ha dado toda la razón al confirmase inequívocamente la degradante condición colonial denunciada por ellos ante los foros internacionales. Cabe subrayar que Filiberto Ojeda ha sido la más reciente víctima de la represión antiindependentista desatada por el régimen colonial al ser asesinado por el FBI justamente durante la efeméride del Grito de Lares en el año 2005.


Por su parte, el Partido Independentista Puertorriqueño, único instrumento electoral del independentismo boricua, celebra su Septuagésimo Cuarto (74) Aniversario tras su participación ininterrumpida en el proceso electoral desde 1948. Por tanto, honremos la memoria de Gilberto Concepción de Gracia votando por el PIP y por Juan Dalmau el 3 de noviembre de 2020.El independentismo boricua: único muro de contención.