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  • Foto del escritorEditorial Semana

El agua, fuente de vida




Por: Lilliam Maldonado Cordero


Cada día es con mayor frecuencia que nos sentimos impotentes de enfrentar y transformar en oportunidades muchas de las crisis locales que vivimos. Sufrimos y nos frustramos por no poder aliviar la angustia propia y de muchos hermanos que padecen por la falta de los servicios básicos, como la luz y el agua, y nos sentimos maniatados al ver a otros más allá de nuestras costas, que sufren asediados por las guerras y el apetito voraz de muchos países poderosos que los mantienen subordinados por intereses políticos y económicos, esclavizando hasta a los niños para explotar y apropiarse de los recursos de estas naciones. Entre los bienes más apetecidos se encuentra el recurso agua.


Se sabe que el deterioro de nuestro clima y la amenaza a los recursos naturales es en gran medida causado por el calentamiento global. Existen varias teorías al respecto, incluyendo que podría ser resultado de causas naturales, pero, más probablemente este deterioro tan acelerado sea como consecuencia de la actividad humana desmedida, al margen de la planificación responsable, indiferente al principio cardinal de que los recursos son finitos: una vez se agotan o destruyen, no pueden recrearse. Uno de los más importantes es el agua, sobre el cual históricamente nos referimos como “fuente de vida”.


El recurso agua es no solo importante para el desarrollo de las sociedades y aglutinar comunidades dentro de un mismo entorno, propiciar la siembra, cosecha y preparación de alimentos, y el mantenimiento de las condiciones de salud propias para una vida con calidad y bienestar. Para el ser humano en particular, el agua es esencial para el desarrollo de los procesos orgánicos, complementa la digestión y la eliminación de toxinas y desechos, regula la temperatura corporal, y es la vía de los componentes de la sangre que nutren y oxigenan nuestro cuerpo. El agua es indispensable para el ser humano y para la conservación de su entorno.


El agua también es fuente de producción de energía. En el pasado, nuestro país, hoy atribulado por las continuas interrupciones del servicio eléctrico y con su entorno amenazado por la quema de combustible fósil, suplía gran parte de su demanda eléctrica del agua. En efecto, antes de que la corporación pública se llamara Autoridad de Energía Eléctrica, su nombre era Autoridad de las Fuentes Fluviales. Naturalmente, con el crecimiento poblacional a través de la isla y el ingreso de otras tecnologías para generar electricidad mediante la quema de fósiles -petróleo y sus derivados, gas y carbón-, el modelo para producir energía evolucionó.


El agua -o la privación del acceso a esta- también es utilizada como un instrumento de guerra. El conflicto encarnizado que se ha desatado en el medio oriente con el asedio del pueblo palestino ha incluido limitar o privar del acceso a cientos de miles de civiles a fuentes de alimento y al agua. Estas medidas, sumadas a la destrucción de sus comunidades, viviendas e infraestructuras viales, de luz y agua, han resultado en la muerte de decenas de civiles por hambre y sed, particularmente mujeres y niños inocentes.


Como especie humana tenemos el deber de aportar en la construcción de una mejor sociedad. Esto incluye la protección de nuestros recursos y la defensa de que todos tengan acceso a estos, pues fueron creados o existen para el uso y disfrute libre y responsable de todos.

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