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  • Foto del escritorEditorial Semana

El beso de la vida


Por: Lilliam Maldonado Cordero


La foto ganadora del premio Pulitzer de 1968 titulada El beso de la vida fue tomada por el fotógrafo Rocco Morabito, que capturó un suceso dramático y deslumbrante.


Mientras conducía por Jacksonville, Florida, se detuvo a retratar a unos trabajadores de línea de la compañía eléctrica, seguramente para rendirlas al periódico donde laboraba. Al rato de iniciar su faena, escuchó gritos y miró a lo alto de uno de los enormes postes. Desde allí colgaba sin vida, de su arnés, uno de los trabajadores de línea. Su nombre era Randall G. Champion y había tocado accidentalmente una línea de alta tensión que lo dejó sin conocimiento y en shock. Su compañero de labores J.D. Thompson no lo pensó dos veces, y subió rápidamente al poste desde donde colgaba Champion. Al llegar hasta su compañero, reconoció que no tenía tiempo suficiente para bajarlo y ofrecerle resucitación cardiopulmonar, y comenzó allí mismo a darle respiración boca a boca.


La imagen de dos hombres fuertes, trabajadores de línea, uno colgando peligrosamente de su arnés, cabeza abajo, inconsciente y vulnerable, mientras el otro colocaba su boca sobre la de él, también pendiendo del poste, es una de las imágenes más impresionantes y memorables. Su título, El beso de la vida, hace justicia a ese momento. Este acto arrojado y solidario de Thompson de arriesgar su vida para salvar a su compañero es prueba irrefutable de amor.

Alternando respiraciones y golpes fuertes sobre el pecho para reanimarlo, finalmente sintió un ligero pulso en su amigo, y supo que estaba en mejor posición de cargarlo sobre los hombros y bajarlo para, junto a otro compañero, continuar la maniobra de estabilizarlo hasta que llegaran los paramédicos que habían sido contactados, nada menos, que por el mismo fotógrafo Morabito.


Esta escena es aleccionadora desde todos sus ángulos. Hubiera sido fácil y mucho más seguro para Thompson permanecer en la seguridad del suelo observando a su compañero inerte colgando desde lo alto del poste, pero optó por arriesgar su vida para salvarlo. Las circunstancias hubieran sido muy diferentes si no se hubiera encontrado Morabito en el lugar, no solo para capturar este acto heroico, sino para llamar a los paramédicos y que llegaran oportunamente a trasladar a Champion al hospital de donde fue dado de alta eventualmente. Todos mantuvieron una amistad que duró décadas.


Hoy día, es mucho más fácil llamar por ayuda cuando vemos a personas en peligro o víctimas de maltrato emocional y físico. Asimismo, no cuesta nada reportar situaciones de las que tenemos conocimiento en las que niñas, niños, mujeres y personas vulnerables se encuentran en riesgo por abusos por parte de personas cercanas o extraños, así como por falta de alimentos, exposición a la intemperie y tantas circunstancias que son inhumanas.


En ocasiones, vemos vídeos capturando abusos físicos y verbales, o de personas burlándose de otras, y algunos optan solo por grabar con el único fin de subir a redes para entretener a otros, haciéndose cómplices. Opuesto a esta actitud antisocial, hay más personas tomando acción, salvando vidas o enfrentando abusos mientras graban y toman fotos para documentar injusticias y emergencias con el fin de mantener un récord útil a las autoridades, garantizando la integridad física y emocional de otros. Es entonces cuando El beso de la vida, aquel instante de amistad, amor y desprendimiento, adquiere fuerza y pertinencia.

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