• Editorial Semana

El caos como herramienta de un poder mal habido


Por: Jesús Santa Rodríguez


La democracia se define como “la autoridad del pueblo” o el “gobierno del pueblo”. En Puerto Rico, los procesos democráticos han evolucionado gracias a que nosotros, como ciudadanos, exigimos durante décadas mayores competencias para la administración de los asuntos públicos y mayores poderes para ejecutar decisiones de importancia para las personas que vivimos en este País.


El proceso electoral de 2020 es una muestra contundente de que la democracia, como modelo de organizar la sociedad, es vulnerable y hay que defenderla en todo momento. Analicemos.


La idea fundamental de un gobierno democrático es crear instituciones que permitan ejecutar las decisiones de una mayoría, pero protegiendo los intereses e ideas de la minoría. De esta forma, la minoría no es atropellada, evitando que la democracia se convierta en una “dictadura de la mayoría”. No obstante, en Puerto Rico estamos enfrentando lo que podríamos llamar la “dictadura de la minoría”. El Partido Nuevo Progresista aprovechó una mayoría obtenida con el 41.8% de los votos en 2016 para apropiarse de las instituciones para su beneficio. El proceso electoral que estamos atestiguando es el resultado de una nueva Ley Electoral aprobada sin el consenso del resto de fuerzas políticas en la Asamblea Legislativa y firmada por una gobernadora que el pueblo no eligió en las urnas. Esa Ley Electoral otorgó poderes absolutos al PNP en la Comisión Estatal de Elecciones, y colocó a sus representantes en posición de poder con respecto a todos los asuntos documentales y procesales. Las minorías parlamentarias, los partidos de oposición, los peritos en derecho, procesos electorales y constitucionales, junto a la masa crítica del País, advirtieron el peligro que representaba este nuevo código electoral. A pesar de las serias advertencias, el gobierno del PNP aprobó lo que ahora será otra vergüenza en la historia del cuatrienio Rosselló-Pierluisi-Vázquez y una afrenta a la democracia puertorriqueña.


Hasta el momento, el resultado ha sido un claro desastre procesal, restando legitimad al proceso electoral y a los valores democráticos de nuestro pueblo. A una semana de la elección, y de acuerdo con información oficial del presidente de la Comisión Estatal de Elecciones, no se han contado más de ciento cuarenta mil papeletas, han desaparecido tarjetas con información electoral y continúan apareciendo maletines que necesitan ser auditados por desconocerse su procedencia.


Los cuatro partidos de oposición se han expresado en contra de reconocer la pureza del proceso, mientras el PNP continúa buscando asegurar sus espacios de poder, a pesar de que el gobernador fue votado por menos del 33% de los votos, perdiendo la mayoría en ambas cámaras de la Asamblea Legislativa y de las alcaldías.


Esta actitud del liderato PNP demuestra que coloca los intereses de su partido y de quienes lo financian antes que los de todos los puertorriqueños. Los valores democráticos en el PNP son nulos, por lo cual tenemos que ser nosotros, el pueblo de Puerto Rico, los que comencemos a cuestionar las prácticas antidemocráticas del partido de gobierno, que solo sabe crear caos como herramienta para sembrar ansiedad e incertidumbre con respecto a todo evento: los huracanes, los terremotos, la pandemia, y ahora, el proceso electoral.


Mi llamado, más allá de los resultados electorales, es que cobremos consciencia de que nuestro rol como ciudadanos es ser defensores de la democracia. No podemos permitir que una minoría se apropie del gobierno a través de un proceso ilegítimo. iQue se cuenten todos los votos!

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