• Editorial Semana

El deporte como pasión y vocación


Por Jorge L. Pérez


Cuando se menciona el nombre de Waldemar Rosado Rodríguez en relación con los deportes, la primera tentación es ubicarlo como especialista en el trialo, tanto a nivel competitivo como organizativo y como entrenador.


Después de todo, Rosado, nacido en Río Piedras hace 59 años pero cagüeño desde 1973, lleva desde 2010 como presidente del Club de Triatletas de Pura Cepa y, entre otras cosas, ha participado en numerosos trialos en toda la Isla, incluyendo -personalmente y como parte del club- varias competencias de ‘full’ Iron Man (2.4 millas a nado, 112 millas en bicicleta y un maratón completo de 26.2 millas en un solo día), y eventos en Maryland y Barcelona, y, en Puerto Rico, eventos de ‘half’ Iron Man en San Juan y Mayagüez.


“Pero aunque hay un grupo que reducido que seguimos reuniéndonos más que nada para hacer ciclismo”, dijo recientemente, “el club está medio descontinuado debido a la pandemia y porque alguna gente decidió tomar otros rumbos”.


A nivel competitivo, en particular, Waldemar está fuera de acción.


“Yo soy veterano y en el Hospital de Veteranos tienen que operarme de una hernia inguinal, y después de eso voy a saber si puedo seguir”, dijo. “Pero la operación se ha ido retrasando debido a la pandemia”.


No obstante, aunque se jubiló en 2016 luego de una larga carrera como maestro de educación física, Waldemar mantiene activa su vocación de educador y entrenador.


“Es más que nada como asesor”, dijo Waldemar, quien reside en Villa Guadalupe. “La gente me sigue llamando y me consulta, porque quieren empezar un programa de entrenamiento y no saben cómo hacerlo, y yo con mucho gusto voy y los ayudo sin cobrar ni un centavo, aunque hay muchos buenos entrenadores en Puerto Rico”.


Sus vínculos con el deporte nacen, según su parecer, como herencia de su padre: “Mi señor padre fue lanzador de sóftbol”, dijo, “y entre sus logros se encuentra haberle ganado a ese inmortal del sóftbol, Calín Velázquez, en 1970, para conquistar el campeonato de la Liga Danny García en Ponce”.


En su niñez, Waldemar se destacó primeramente en el béisbol de Pequeñas Ligas pero, a los 13 años, se convirtió en socio fundador del primer club de ciclismo de Caguas.


Posteriormente sobresalió en pista y campo: fue campeón de las escuelas públicas de Caguas en 800 metros compitiendo por la escuela Gautier Benítez, y luego compitió con la Universidad del Turabo en 1983 y 1984.


Después de ingresar en 1985 a la guardia nacional, inició en 1986 su carrera de maestro en el Colegio Corazón de María en Juncos, pasando después a desempe؜ñarse también en la Caguas Military Academy, en la Escuela Inés María Mendoza y, por último, de 1999 a 2016, en la escuela intermedia Felipe Rivera Centeno, de donde se jubiló en 2016.


Al mismo tiempo, sin embargo, cumplió numerosas otras funciones deportivas, incluyendo el haber fundado en 1994 el Club de Trotadores de Turabo, que llegó a correr en numerosos maratones internacionales, incluyendo el de Nueva York, haber presidido la Asociación de Maestros de Educación Física de Caguas, haber sido como voluntario coordinador de campo en los Juegos Centroamericanos de 1993 celebrados en Ponce y haber fundado Las Lolas Runners, el primer club de corredoras en Caguas.


“Todo eso me lo disfruté”, dijo, “y uno sigue, aunque esté jubilado”.