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  • Foto del escritorEditorial Semana

El efecto transformador de la educación




Por: Lilliam Maldonado Cordero


“Un país que destruye la escuela pública no lo hace nunca por dinero, porque falten recursos o su costo sea excesivo. Un país que desmonta la educación, las artes o la cultura está gobernado por aquellos que solo tienen algo que perder con la difusión del saber”.


Italo Calvino, a quien se atribuye esta máxima, fue un escritor y periodista italiano. A la fecha de su muerte, era el autor contemporáneo más traducido al inglés. Sus padres -ambos profesores universitarios- y su hermano, eran científicos, materia en la que Calvino incursiona una vez ingresa a la universidad. Creció en medio de la segunda guerra mundial. Sus padres fueron aprehendidos por el ejército nazi. Su madre, como tantas otras en medio de la guerra, era descrita como parte de un “fenómeno de grandeza e invisibilidad” característico de las mujeres que eran parte de esa crisis, pues palió la opresión durante su secuestro político y no cedió a la cruel manipulación del ejército enemigo que en tres ocasiones fingió dispararle a su esposo para castigarla emocionalmente.


Dentro del contexto de una familia con vasta educación y sobrevivientes de una guerra mundial, esta cita nos plantea la relevancia de una educación pública de calidad y el deber del Estado de garantizar a todos los ciudadanos acceso a esta.


Puerto Rico, siendo la jurisdicción estadounidense que más dinero amasa para la educación pública, enfrenta unas de las tasas más bajas en el desempeño de los estudiantes del sistema público, y sus planteles sufren de muchas deficiencias. Las condiciones deplorables de las escuelas no solo han sido expuestas por nuestros estudiantes, sino que durante la elección primaria pasada se pudo ver el estado de los planteles y cómo se inundaban sus salones, pasillos y áreas de recreo.


La educación no es poca cosa: es un derecho humano que propicia el desarrollo pleno de los niños y jóvenes, reduce la pobreza, incide en una mejor salud de sus participantes y sirve para erradicar los prejuicios, la discriminación y, sobre todo, es marco para la sociedad de paz que anhelamos.


Algunos países alrededor del mundo utilizan la educación o, más bien, la privación al acceso a esta, para promover e instaurar la ignorancia, la discriminación y la pobreza a las mujeres dentro del contexto de culturas patriarcales y fundamentalistas para coartar, so color de la mal llamada fe religiosa, su acceso a una vida integral y digna, igual a la que gozan los hombres. Estas culturas buscan mantener a las mujeres como objetos subyugados al servicio del hombre y la sociedad. No olvidemos que la educación contribuye a la formación de ciudadanos libres, pues aprenden las opciones que tienen a la mano y desarrollan una mentalidad crítica, y pueden acceder a los procesos políticos y sociales de una manera participativa, informada y responsable para proteger sus derechos. Esto ofrece acceso a mejores condiciones de vida, empleo y emprendimiento personal y profesional.


Luchar por una mejor educación es buscar transformar de forma integral y transversal a la sociedad, desarrollando un pensamiento crítico, ético y moral en sus ciudadanos, como nos lo enseñaron personajes coyunturales en nuestra historia humana, como Jesús, Gandi, Martin Luther King, Nelson Mandela, María Montessori, Rosa Sensat, Marie Curie, Malala Yousafzai y tantas otras que creían que apostar a que una educación igualitaria transforma vidas, comunidades y sociedades completas.

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