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  • Foto del escritorEditorial Semana

El feminismo en disputa


Por: Juan Ilich Hernández


Actualmente, hemos visto un resurgir de diversos movimientos feministas por todo el mundo. Sin embargo, muchos de estos colectivos tienen unos fines muy particulares de acuerdo con su contexto y “realidad” sociopolítica. Por tal motivo, es imprescindible tomar en consideración dentro del foco universalista o general feminista cuáles fueron sus cimientos o bases sociohistóricas.


Siguiendo esta línea de pensamiento, se comienza a desplegar todo un ejercicio arqueológico sobre cómo y dónde emergió el concepto del feminismo historiográficamente hablando. A raíz de los siglos XVIII y XIX el cuerpo médico y a su vez gubernamental prácticamente abarcaron e incluso reinaron todos los ámbitos socioculturales hasta principios del siglo XX. Con esto no quiero decir, que al sol de hoy no continúe tal tipo de régimen supremacista, pero el modelo de trabajo político modificó por completo sus modos de control psicosociales.


Tan atroz y virulento ha sido el desarrollo de este orden sociopolítico por todo Occidente, que cualquier deformación o rediseño que vaya a efectuarse en el cuerpo humano el Estado tiene que intervenir obligatoriamente.


En efecto, sabemos que aún hoy tal tipo de rigidez sigue operando sutil y llanamente en nuestro modelo de Estado y control social disciplinario. Ahora bien, partiendo de la realidad socioeconómica y política que aconteció en los siglos pasados, en el 1871 se registró por primera vez el concepto de lo que es feminismo. Fue en los textos médicos donde primerísimamente salió a la luz dicho término. Lo sorprendente y enigmático de este descubrimiento es que quién acuña esta terminología advino del entorno patológico de la medicina tuberculosa.


Según nos dice Paul Beatriz Preciado el artífice de este concepto se llama Faneau De la Cour. Este señala que los hombres que sufren de tuberculosis o algún enlace con dicha enfermedad tienden a perder por completo los caracteres primordiales y secundarios masculinos, hecho que hace tornarles en personas feminizadas. De esta forma determinante y estructurante es que trascendentemente sale la concepción de feminismo hacia la población masculina que sufría de tuberculosis. Así que, si redondeamos a nivel general cómo cobró fuerza y empuje del Estado dentro del ámbito psicológico y sociocultural fue precisamente gracias a la intervención que tenía en los espacios de la clínica (hospitales, sanatorios, institutos psiquiátricos, entre otros).


Queda evidentemente claro, que si ubicamos bajo contexto la utilización lingüística y social de lo que es hoy día el feminismo dicha significación desmonta por completo su etimología plus dilemas prácticos dentro las distintas luchas sociales que este arrastra consigo. Es precisamente, por esta razón que se hace necesario el revaluar las múltiples disputas, tanto histórico-culturales como sociales que ha tenido que recorrer el feminismo para lograr comprender el porqué de su existencia y búsqueda de reconocimiento ante el sistema colonial/capitalista que vivimos.


Muchos colectivos, personas e incluso oleajes feministas se problematizarán el porqué es necesario preguntarse cuál es el origen del feminismo, aunque actualmente este tenga otra óptica. Pero es aquí, donde radica la disputa, ya que la naturaleza del lenguaje es la resignificarse con el devenir del tiempo. Tal situación ha ido cosechando que la semilla de la duda no pueda del todo filtrarse al uso coloquial y científico de las cosas, por lo que evita por completo la construcción de otros términos, prácticas sociales y verdades.


Por tal motivo, esta reflexión más allá de ser una informativa es a su vez una invitación a la apertura de problematizar y cuestionarlo todo con miras a la retoma de la pregunta por el origen.


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