• Editorial Semana

El inmovilismo colonial acorralado ante la historia


Por: Prof. Luis Dómenech Sepúlveda


“El autonomismo es esclavitud con cadena larga” (Luis Muñoz Marín)


Desde su fundación en 1938, tanto Luis Muñoz Marín como su criatura electoral denominada “La Casa Grande del Partido Popular Democrático” pretendieron convertir la farsa del autonomismo colonial en la alternativa política más digna y ejemplar para el pueblo de Puerto Rico. Con ello intentaron esconder el verdadero rostro del régimen colonial impuesto por Estados Unidos desde 1898. A partir de entonces, el PPD adoptó el discurso anti independentista y en su lugar prefirieron idolatrar y rendirle culto a la unión permanente, ciudadanía indisoluble y la dependencia perniciosa como proyecto de pueblo y razón de ser de los puertorriqueños. De ahí sus eufemismos antipatrióticos para ridiculizar el sentimiento independentista: (1) “la independencia equivale a piojos, niguas y garrapatas”, (2) la independencia es antehistórica y (3) la independencia es igual que lanzarse por un precipicio”. No conforme con ello, Muñoz Marín impuso la infame Ley de la Mordaza para perseguir, demonizar, criminalizar y encarcelar al independentismo puertorriqueño. Bastaba llevar consigo la bandera de Puerto Rico para ser arrestado y encarcelado.


Francamente, muy pocos puertorriqueños hubieran pronosticado el colapso electoral del Partido Popular cuyo historial refleja copos electorales antes de su primera derrota electoral en 1968. Pero todo tiene su fin. Como apologistas del inmovilismo colonial se les acabó la hoja de mentiras y engaños demagógicos como instrumento para conservar el poder colonial. Adoradores amorales del “el fin justifica los medios”, el pueblo engañado y burlado optó por retirarle la confianza y la credibilidad por aquello de que “se puede engañar al pueblo un año, incluso por décadas, pero no por toda una vida”.


De ahí que el PPD haya perdido más del 50% de su fuerza electoral desde las elecciones del 2012. Recuérdese que el PPD superó los 800,000 votos en el 2012 y desde entonces su apoyo electoral se redujo a 300,000 votos en el 2020 para un raquítico 32%. Su engañoso discurso del “pacto bilateral, “gobierno propio” y “lo mejor de dos mundos” solo ha servido de semillero para el crecimiento del anexionismo corrupto y la emigración masiva de miles de puertorriqueños en busca de mejores condiciones de vida. Como se sabe, más de cinco millones de boricuas viven desparramados en Estados Unidos.


Por tanto, su falso discurso soberanista ha sido rechazado por la propia metrópolis mediante la resolución Sánchez-Valle y la dictatorial Junta de Control Fiscal impuesta unilateralmente por el Congreso y el entonces presidente demócrata, Barack Obama. Desde entonces el PPD se ha convertido en un ente eminentemente inocuo, inconsecuente, sin discurso y sin un proyecto de pueblo capaz de reivindicar el honor y la integridad histórica de Puerto Rico. Su única meta es perpetuar el colonialismo al punto de que un importante sector de su electorado se alineó con el 52% a favor de la estadidad en el plebiscito del 3 de noviembre.


Entre “yanquis o puertorriqueños” el PPD ha optado por el suicidio colectivo.