• Editorial Semana

El mejor regalo


Por: Jesús Santa Rodríguez


¡Saludos! Nuestro pueblo ha vivido tiempos borrascosos. El año próximo a concluir arrancó con terremotos y una pandemia que ha mantenido amenazada la salud y la vida de la humanidad, con un saldo social y económico importante en todos los países del mundo, incluyendo Puerto Rico.Pero, como signo de esperanza, cada año nos llega una de las tradiciones religiosas y culturales de mayor significado en nuestra isla, la Navidad, una época de fiesta y celebración.


Este año, sin embargo, debemos poner por encima de todo las recomendaciones que las autoridades de salud han enfatizado en torno a evitar aglomeraciones de personas en lugares cerrados, aunque todos sean miembros de un mismo grupo familiar o comunitario. No nos llamemos a engaño: aunque ya inició el proceso prometedor de la vacunación, la emergencia del Covid-19 no ha terminado, por el contrario. Varios países están reportando repuntes en el número de contagios, incluyendo aquellos que ya tenían bajo control la pandemia, como es el caso de Australia. Estados Unidos, por su parte, continúa su secuela de aumento en el número de casos y decesos por la enfermedad. Se estima que para fin de este año, ese país alcance los 350,000 muertos por Covid, el mayor del mundo. Nuestro país, lamentablemente, ha continuado reportando repuntes en la cantidad de casos. De continuar esta tendencia, podría exceder los 1,500 muertos, es decir, sobre 500 decesos por cada millón de habitantes. No podemos permitirlo.


Al encontrarnos en la época más festiva para nuestro País, conocido como el lugar donde se celebran las Navidades más largas del mundo, es pertinente pasar revista sobre cuáles deben ser nuestras prioridades al enfrentar un reto tan grande como esta emergencia de salud en medio de nuestras fiestas más representativas, precisamente porque los riesgos de perder el control acarrean consecuencias muy serias.


En primer lugar, pongamos en balance qué es lo verdaderamente importante en nuestras vidas. La salud y el bienestar de nuestra familia deben ir por encima de cualquier otra cosa. Por lo tanto, es mucho más razonable sacrificarnos durante este último tramo de la pandemia, cuando ya se ha iniciado el periodo de vacunación que ayudará a reducir la tendencia alcista que llevamos en el número de contagios, en lugar de arriesgarnos y afectar a otros. Es esencial revestirnos de voluntad y mantener las celebraciones navideñas dentro del núcleo más íntimo de la familia. Ese sacrificio, que bien podría parecernos inmenso, reducirá la cadena de contagios y muertes que nos agobian.


Todos, sin excepción, conocemos a alguien que se ha infectado con Covid-19. También, conocemos al menos una familia que llora la muerte de uno o más de sus miembros por causa de este virus.


Ya sabemos que la manera más eficiente de detener la propagación del Covid-19 es mantener el distanciamiento social. Por esto, cuando tengamos la necesidad de compartir en un contexto fuera del hogar por asuntos ineludibles o de fuerza mayor, ya sea por responsabilidades de trabajo, visitar la farmacia o el colmado, lo hagamos guardando todas las medidas que las organizaciones de la salud recomiendan: uso de mascarillas, distanciamiento físico, lavado escrupuloso de manos y evitar los lugares cerrados con aglomeración de personas.


Por todo lo anterior, ante la alegría que sentimos en medio de estas fiestas, es meritorio que insistamos en cuidarnos y proteger a los nuestros. Estamos en la última vuelta de un año intenso, y ya vemos luz al final del camino. Lo importante es que podamos recorrerlo hasta el final, y que nuestras actuaciones no impidan que otros puedan, también, llegar a la meta plena de sus vidas. Seamos protagonistas en cortar la cadena de contagios, y que este sea nuestro mejor regalo de Navidad para nosotros mismos, nuestras familias y amigos.

Felicidades y salud para todos.