• Editorial Semana

El poeta cagüeño Juan Luis




Por: Dr. Francisco Rivera Lizardi

riveralizardi@yahoo.com


Caminando por la calle

Viene el poeta Juan Luis.

Todo vestido de blanco,

Y con su corbata gris.


Yo le conocí de oídas en mi niñez. Ya en la adolescencia compartí la copla con mis amigos de la Gautier. Para los años treinta y cuarenta, vestir elegantemente con traje blanco de dril, y lucir chaleco y corbata, era sinónimo de dinero. Juan Luis tenía que ser un grandísimo poeta cuyos versos y libros le dieran tanto dinero como para vestir así. La otra posibilidad era, y así lo parecía, que era hijo de un acaudalado agricultor de grandes extensiones de tierras cuyo padre le permitiera esos lujos. Poco a poco y a medida que yo continuaba estudios universitarios apenas si observaba que Juan Luis iba desapareciendo de nuestras conversaciones y de Caguas en general.


Los otros días me acordé de él y decidí dedicarle una estampa. Quería darlo a conocer de nuevo, sobre todo a los cagüeños actuales.


Vestir de blanco, chaleco y corbata, era, además, característica de algunos profesionales mayores de edad, como médicos y abogados.


Nunca olvido a don Silverio Morales: vestido de blanco, quien al saludar las damas cagüeñas levantaba la mano derecha para tocar el ala de su sombrero en señal de respeto y formalidad. Vivía frente a nosotros en la calle Padilla el Caribe, donde su casa, tipo colonial español y con un bello jardín al frente bordeado por elegantes columnas en cemento era la más bonita. Mi padre Modesto Rivera Morales y él eran de la misma familia, por lo que para los niños era tío Silverio. Fue el padre de Manuel Morales Dávila, destacado en la radio puertorriqueña, y de Sister Carmela, monjita profesora del Colegio Católico de Caguas. Mi padre era miembro del Partido Liberal, presidido entonces por don Antonio R. Barceló y de tradición triunfante en Caguas. Su alcalde lo era don Julio Aldrich y mi padre –Tenedor de Libros–, el sub-tesorero municipal. Mi padre me llevó a varios mítines liberales de propaganda política. No olvido el discurso de “tío Silverio”, en su traje blanco, diciendo su discurso en poesía, –una décima tras la otra.


Quedaba atento, emocionado…Nunca había visto ni escuchado cosa igual. Esos recuerdos, siempre fijos en mis recuerdos de niño, permanecen intactos en tan lejano pasar del tiempo.

Tal vez por eso me vino a la memoria al prepararme a escribir la columna de hoy. Deseaba que el poeta Juan Luis, quien era también un recuerdo de mi niñez y adolescencia, regresara a la mente de aquellos jóvenes de los 30 y 40 quienes al pasear los fines de semana por la plaza de Caguas para comentar y ver desfilar las muchachas cagüeñas , a veces se les escapaba un “Caminando por las calle, viene el poeta Juan Luis…” No olviden que las muchachas paseaban “en contra de las manecillas del reloj”. Y que “el reloj de la plaza” tiene “las doce en la antigua Alcaldía y las 6” en la Iglesia Católica, hoy catedral. Y que la copla para recordar al poeta Juan Luis, dice sí:


Caminando por la calle

Viene el poeta Juan Luis.

Todo vestido de blanco,

Y con su corbata gris.


Por favor, compártanla con sus hijos y con sus nietos, para que no perezca el poeta de Caguas, Juan Luis. Siempre tan elegantemente vestido. Y que se mencione de vez en cuando en el compartir de las tertulias cagüeñas.


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