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  • Foto del escritorEditorial Semana

El promedio de los cinco más cercanos




Por: Lilliam Maldonado Cordero


La frase “Eres el promedio de las cinco personas que te rodean”, del empresario estadounidense Jim Rohn, más que un término aritmético es una invitación a reflexionar sobre qué dice de nosotros la calidad del círculo de mayor confianza en el que nos movemos, y qué aportamos a este. Esto se extiende a nuestra vida social, familiar y al ámbito profesional.


Todos, a través de nuestras vidas, integramos diferentes círculos cercanos. Desde temprano comenzamos a identificarnos, imitar y modelar a otros a raíz de experiencias y perfiles comunes, y eso ayuda a forjar nuestro comportamiento social y personalidad. La mayor parte de las veces, durante nuestra niñez, juventud y adultez temprana, estos grupos sociales íntimos van modificándose con bastante celeridad por los cambios de escuela, residencia, trabajo y comunidad. Esas separaciones no siempre son permanentes, pues en muchas ocasiones es posible mantener la relación de amistad a distancia, pero esto no ofrece necesariamente la frecuencia ni cercanía para ir modificando nuestro entorno inmediato.


Más adelante en la vida, ya sea de forma orgánica por llamarlo de alguna manera, gravitamos hacia ciertas personas con quienes llegamos a consolidar fuertes lazos de amistad y relación. Sin embargo, con el pasar del tiempo, identificamos que son muy pocos los intereses comunes compartidos, incluso, en escalas de valores y principios morales fundamentales que habíamos ido construyendo a través de toda una vida. De modo que los modales y el comportamiento de las personas de ese círculo al que pertenecemos no solo nos van cambiando, sino que van matizando la opinión que los demás se están forjando sobre nosotros. Es entonces cuando debemos detenernos e intimar varias preguntas.


En primer lugar, necesitamos evaluar cómo nos sentimos respecto a nosotros mismos en el momento presente y calibrar el nivel de agrado que sentimos por quienes nos rodean con mayor frecuencia. ¿Existe confianza plena para expresarles nuestros sentimientos? ¿Percibimos algún interés material aparte de una amistad sincera? ¿Compartimos los mismos valores éticos y morales sobre los asuntos que consideramos medulares? ¿Podemos confiar plenamente en ellas ahora, y proyectar esa misma certidumbre a futuro?


Lo cierto es que las relaciones de calidad son esenciales para sentirnos apreciados, respetados y seguros, y son la oportunidad para reciprocar estos mismos principios de convivencia hacia los demás. De la misma manera que esperamos respeto y afecto, debemos estar dispuestos expresarlos a los otros. Así mismo, si somos exitosos en lo que emprendemos en lo personal y profesional, esos amigos deben tener el mismo nivel de desprendimiento hacia nosotros y alegrarse de nuestros logros. También, debemos observar si esas personas más cercanas no demuestran respeto por la opinión de los demás, o si en lugar de ser empáticos ante el sufrimiento ajeno, se burlan continuamente de los demás y sus fracasos, si incurren en conducta inapropiada y peligrosa, o se expresan peyorativamente de otros, incluso de manera discriminatoria y prejuiciada.


Todavía nos queda más del ochenta por ciento del año 2024 y el cien por ciento del resto de nuestras vidas por delante para acumular la suma del promedio de nuestras cinco personas más cercanas. Estamos a tiempo para realizar los ajustes necesarios para ejercer influencia de cambio positivo en aquellos que se nos relacionan más cercanamente, y si esas diferencias son irreconciliables o no, seamos francos con ellos y éticos con nuestra propia persona, y enfoquémonos en quienes añadan valor a nuestras vidas.

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