El rescate del Centro Urbano cagüeño (Conclusión)
- Editorial Semana

- 19 feb
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Tomando como referencia los diversos acontecimientos urbanísticos, turísticos, culturales y políticos durante los pasados 40’ a 50’ años en lo que corresponde al pueblo de Caguas se ha volcado una especie de reconfiguración psicológica sobre lo que entendíamos como casco urbano. Tanto es así, que si trazamos la línea cronológica acerca de las transformaciones de la infraestructura como son: los centros comerciales, residencias, carreteras, air bnb, entre otros, emerge un nuevo semblante del sabor a pueblo según los grandes desarrollistas. Y qué mejor ilustración de ese sutil desplazamiento, que el desmontaje del concepto de Centro Urbano, gracias a las “plausibles” estructuras del gran corazón criollo “El Jardín Botánico” & “Malls” (Las Catalinas Mall (Shops at Caguas), Plaza Centro Mall, etc.).
Definitivamente, el aroma a sazón criollo jamás será arrebatado o mucho menos desecho por las altísimas y costosísimas estructuras para el crecimiento socioeconómico. Tales efectos, bien que lo representan los mismos residentes, tanto nuevos como viejos del casco urbano, hecho que deja bastante claro el mensaje de resistencia cultural. Sin embargo, echando hacia afuera del casco del pueblo nuestra lupa científica para seguir la ruta logística de la planificación urbana, encontramos que la percepción psicosocial aún tiene difuso el término de Centro Urbano. Dicho problema social e histórico no solo a trastocado lo local, sino también la Isla, ya que ha sido producto de la reorganización de las prácticas e inclusive entendidos culturales dentro de un centro comercial.
Más allá de toda la polémica que ha ido arrastrando el urbanismo en la vida psicológica y sociológica del puertorriqueño, pero sobre todo cagüeño, hallamos que después de la gran crisis fiscal del 2014 se da un notorio retorno a las actividades de los cascos municipales. Evidentemente, al incorporar la infame Junta de Control Fiscal o Ley Promesa en el 2016 se recrudeció el crecimiento económico del país, por lo que hubo que resignificarse como emprendedor, plus pequeño y mediano comerciante. De ahí la respuesta a retomar las raíces de las plazas en cuyo caso aquí la Plaza Palmer y Paseo Gautier Benítez revitalizarán sus rostros para el impulso de la autogestión como ejercicio de perseverancia accionaria.
Ante esta vuelta y recuperación de los cascos urbanos, logra hacerse viable la reconstrucción de las identidades, cualidad que estaba en estado de entumecimiento por más de 50 años. Si nos adentramos a la radiografía del centro cagüeño post- la gran crisis socioeconómica de los 2000’s la cual repercutió más contundentemente después del huracán María en el 2017 por el exilio masivo, el único bastión que mantuvo presente la huella del paladar criollo fue la Plaza. Aunque existieron otros entornos que también empujaron de manera autogestionaria, justamente como fue el Proyecto de Asistencia y Prevención de Violencia Integral de la UPRRP, Matria, UrbeApie, Cooperativa Pirucho, Comedores Sociales, entre otras organizaciones, que brindaron una especie de reoxigenación a toda la zona del pueblo.
Es en ese sentido, que se torna en indispensable para cualquier pueblo el rescate de los espacios por medio la organización social-comunitaria y otros esfuerzos colectivos para que de ese modo podamos rehacer el significado de lo que son el alma de los municipios, sus centros urbanos. Para que sea posible ese trasplante, es fundamental la apuesta no meramente por el desarrollo socioeconómico, sino también por lo local.
Evidentemente, la economía y los gustos tienden a variar acorde a las realidades del momento. Por tal motivo, es que los mercados ameritan reactualizarse en comunidad sin la intervención del gobierno ya que, si no, estarán exterminándose.



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